“…El pueblo, dice la Constitución, es soberano, y en consecuencia es de obligatorio cumplimiento su mandato en las urnas…”.

La Cámara de Representantes aprobó en primer debate un proyecto de Acto Legislativo que amplía el período de los actuales alcaldes y gobernadores a dos años, es decir, que permanecerían en sus cargos hasta el año 2.022 que tiene como fin igualar la fecha de elección de los mismos, con la del Presidente de la República, con el fin fundamental de que el plan de desarrollo municipal, coincida con el mismo del gobierno nacional y en esta forma desarrollar las obras en concordancia con Planeación Nacional y así, como se dice en el argot popular, que “todos tiren para el mismo lado”.

Aunque la idea no es del todo mala y hasta se justifica, ya comenzaron las distintas corrientes políticas a opinar sobre la propuesta, que a primera vista parece inconstitucional si tenemos en cuenta, que tanto alcaldes como gobernadores, fueron elegidos por votación popular y es un mandato que debe cumplirse y no cambiarlo de un brochazo a través del órgano legislativo con justificaciones que parecen ser más del orden politiquero que de fortalecimiento de la democracia municipal, porque también se hubiera propuesto que en lugar de ampliar los períodos, más bien deberían acortarse hasta que coincidan con las elecciones presidenciales.

Pero se ha optado por la vía más fácil y cómoda, como para no encontrar oposición entre los mandatarios locales y regionales. Hay que tener en cuenta que ya se está haciendo campaña para la elección de los próximos mandatarios en el año 2019 y se ha establecido un presupuesto abultado para las elecciones, que se perdería en un instante y también de todos es conocido y experimentado, que hay alcaldes y gobernadores, buenos, regulares y malos. Y este es el punto, porque nadie estaría dispuesto a continuar con un mandatario local o regional malo, sino que desearían cambiarlo de una vez para siempre y al mismo tiempo se pensaría de un buen gobernante como en una posible ampliación de su mandato, para que siga construyendo país, tal como se acostumbra afirmar eufemísticamente ahora.

Por lo tanto, la propuesta, parece que se debe profundizar y buscar una solución más práctica y que no pase por encima del constituyente primario que debe respetarse desde todo punto de vista, si no, ¿para qué elecciones populares, si de un momento a otro se quieren cambiar sus decisiones?. El pueblo, dice la Constitución, es soberano, y en consecuencia es de obligatorio cumplimiento su mandato en las urnas. Esa manía de reformitis, es una clara muestra de que no se estudian bien a profundidad las leyes que nos rigen y es más palpable la imagen de un Congreso en donde “hay muchos lobos con piel de oveja” que sacan sus feroces colmillos, cuando alguien “le pisa los callos”.

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