El joven tulueño era el brigadier de la compañía Gilliberth curso 112, por su capacidad y logros. Los padres del joven cadete debieron presentar pruebas de ADN para lograr su identificación plena.

Los sueños de un niño de ser comandante de la Policía se apagaron en la mañana del jueves luego de que un carro bomba estallara en la Escuela de Cadetes General Francisco de Paula Santander de la Policía Nacional en la capital de la República.

Esta acción terrorista no sólo dejó como resultado 21 personas muertas y más de 60 estudiantes heridos, sino que generó el dolor y el rechazo de todo un país a esta acción que voló en pedazos las ilusiones del joven tulueño Diego Alejandro Pérez Alarcón, de apenas 22 años de edad, uno de los cadetes muertos en esta explosión.

“Desde muy niño siempre soñó con ser comandante de la Policía y de poder servir a los demás desde esa institución”, recordó su primo Cristian.
Y es que su mayor ejemplo a seguir, fue su padre, quien por más de 24 años entregó su vida a la institución policial, sirviendo a las diferentes comunidades y tras salir pensionado como agente de la policía, lo hizo con la frente en alto, defendiendo siempre con orgullo su verde oliva.

Diego Alejandro, logró obtener su título de bachiller en la Institución Educativa Corazón del Valle, y mientras culminaba sus estudios de secundaria realizó su primer intento de ingresar a la Policía, pero en esa oportunidad no superó las pruebas psicotécnicas. Sinem-bargo este joven no perdió las esperanzas y prestó su servicio militar como Auxiliar Bachiller de la Policía en el Comando y ya con más conocimiento volvió a presentar su documentación y esta vez sí fue admitido para empezar su sueño.
El primer paso de su meta lo logró en el mes de junio del año 2017, ese día, según sus familiares, fue el más felíz de su vida.

Orgullo de una familia humilde, radicada en el barrio San Antonio, Diego siempre expreso a sus amigos y donde llegaba con su liderazgo juvenil, que la humildad, el respeto por los demás y la unión familiar eran la base fundamental de un buen futuro para la sociedad.

Esa convicción le permitió al joven tulueño alcanzar importantes logros en la parte física y académica, razón por la que fue nombrado brigadier de la compañía Gilliberth curso 112.
Esa capacidad intelectual y la mira siempre puesta en su meta, lo llevó además a obtener una de las becas académicas que ofrece la institución, una de las mayores alegrías que le permitió despedir el año feliz en compañía de su familia, con los que compartió, como cuando tenía diez años, jugando en el andén de su vivienda del barrio San Antonio.

Los 15 días que pudo permanecer en su tierra natal, le permitieron recordar su infancia y ratificar su origen humilde que cada día lo fortalecían más y más para seguir adelante como el orgullo de su familia.
El pasado cinco de enero viajó a Bogotá a presentarse de nuevo y así continuar con la gestión de su beca y prepararse para la ceremonia de ascenso de Alférez que se cumpliría en los próximos meses, ceremonia a la cual no llegará, pues las acciones terroristas que aún continúan marcando el camino de violencia en este país apagó su luz y la de 20 jóvenes más que se encontraban junto a Diego Alejandro Pérez Alarcón formándose para servir a Colombia desde esta institución.

Su familia

Este joven cadete, quien poco a poco se convertía en ejemplo por sus acciones como persona y además por estar en uno de los espacios más importantes de la Policía, estaba rodeado de una familia donde predominan los valores morales y sociales.
Diego Alejandro Pérez Alarcón era hijo de Yasmín Alarcón y Diego Pérez Ossa, era el segundo de cinco hermanos, y uno de ellos se encuentra prestando el servicio militar en la Escuela de Policía Simón Bolivar de esta ciudad.

El tulueño, que además era hincha fiel del América, había establecido una relación sentimental con una joven que conoció en la escuela de Cadetes y con quien solía compartir los espacios libres que les concedían en medio de su formación como oficiales de la Policía Nacional.

Un cadete deportista, la otra víctima del Valle

Este hecho miserable, como lo ha calificado el presidente de la república Iván Duque Márquez, se llevó también el sueño de un deportista que por sus méritos había logrado llegar a la escuela de formación policial.
Se trata de Luis Alfonso Mosquera Murillo, un joven atleta de 23 años de edad, oriundo del municipio de Pradera, que representó al departamento del Valle en su especialidad deportiva, el lanzamiento de disco hasta el año 2016, cuando se enlistó para ser oficial de la Policía Nacional.

Tuvo la oportunidad de participar en los Juegos Interescuelas, donde compitió con deportistas de las Fuerzas Armadas, evento cumplido en el mes de agosto del año anterior en la Capital de la República, donde Mosquera Murillo obtuvo la medalla de oro.

Homenaje

En la Villa de Céspedes se programa para mañana domingo un plantón por parte de la ciudadanía, en señal de rechazo a las acciones violentas y terroristas como de la que fue objeto la Escuela de Cadetes General Francisco de Paula San-tander, donde 21 personas resultaron muertas y otras 60 más quedaron heridas.
Esta actividad se cumplirá a las 12 del mediodía en la Plaza Cívica de Boyacá, donde la ciudadanía deberá lucir una camiseta blanca y llevar una rosa del mismo color.

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