“…hay la necesidad de contar con una ví alterna entre las ciudades de Popayán y Cali…”.

Sin duda, la temporada invernal potencia el crecimiento de las plantas y con ello garantiza la provisión de productos para la supervivencia humana. Sin embargo, los aguaceros frecuentes generan desastres, como el que ocurrió en días recientes en el departamento del Cauca, y que dejó varios muertos a su paso.

Uno podría decir que esto es inevitable, debido a la fuerza devastadora de la naturaleza, pero cabe la reflexión sobre las advertencias, que para el caso, dicen algunos lugareños haber presentado en varias ocasiones ante las autoridades regionales, anuncios motivados por el flujo de corrientes de agua sobre la montaña, que se desplomó y que causó la tragedia.

En todo caso, el propósito de esta columna no es identificar culpables, tarea que han de adelantar los organismos competentes.

Más bien, a partir de estas lecciones lamentables, se trata de sugerir que se debe intensificar la revisión de zonas que podrían ser objeto de siniestros; por ejemplo, viviendas construidas en orillas de ríos, casas levantadas al pie de colinas, carreteras con boquetes, como ocurre con la vía Panamericana, entre Popayán y Pasto.

Los correctivos que se puedan tomar en estos casos, podrían evitar la pérdida de vidas humanas, el dolor de los familiares de las víctimas y el sufrimiento de los viajeros que deben afrontar el bloqueo de las vías, ocasionado por estos hechos.

Un punto adicional: El evento en consideración, que causa un profundo dolor al pueblo colombiano y el reciente paro indígena han evidenciado la necesidad de contar, por lo menos con una vía alterna en buen estado entre las ciudades de Popayán y Cali para evitar las largas filas de vehículos y las interminables horas de la travesía entre las mencionadas ciudades, problema que afecta de igual modo a los habitantes del departamento de Nariño, que deben utilizar la precitada carretera para desplazarse al interior del país.

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