“…Los dramas que se palpan en las calles servirían para escribir libros enteros para reflejar en ellos la realidad…”.

En Colombia todos los días se registran hechos noticiosos que confirman el espíritu macondiano que creó en sus novelas el Premio Nóbel de Literatura, Gabriel García Márquez y que se conoce como el realismo mágico.
Solo así se puede explicar el episodio de la empanada más cara del mundo pagada por un joven colombiano que decidió comprar ese bocado del mecato colombiano, justo en el momento en que la Policía Nacional desarrollaba un operativo de recuperación del espacio público en el barrio La Candelaria en la capital del país.

El hecho noticioso que, gracias a las redes sociales, se hizo viral dando origen a memes, columnas de opinión, videos y campañas a la modesta comerciante informal y al comprador, sirvió para poner sobre la mesa del debate, la caótica y precaria situación de los vendedores ambulantes en Colombia, personas humildes que encontraron en las calles la única manera de subsistir junto a sus familias.

Los que ejercen la actividad comercial de manera informal son asediados a diario por la presión oficial que en aras de recuperar el espacio público los arrinconan con operativos y medidas de presión para sacarlos de su entorno, presión a la que se suman los llamados créditos gota gota, un sistema que los oprime de tal manera que muchos de ellos terminan acudiendo a medidas extremas, como el suicidio para escaparse de la triste realidad.

Los dramas que se palpan en las calles servirían para escribir libros enteros para reflejar en ellos la realidad de un país donde las oportunidades escasean y el acceder a los planes del Estado resulta casi que imposible para personas que sobreviven con pírricas sumas de dinero.

En el plano local resulta interesante la propuesta de recuperar el espacio público, pero al mismo tiempo esa recuperación abre un gran interrogante sobre si la solución era construir una gran mole de concreto con locales reducidos y donde asumir los costos que resultan onerosos a tal punto que muchos de ellos están optando por vender o ceder sus establecimientos de comercio, es decir que para muchos de ellos el remedio resultó peor que la enfermedad.

Compartimos que la recuperación del espacio público es un imponderable, pero al mismo tiempo se deben plantear soluciones que no dejen de lado al ser humano, al padre de familia, a la madre cabeza de hogar y a los jóvenes que ven en la calle la única manera de subsistencia para su núcleo familiar.

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