“…Es urgente detener esta guerra de ambulancias que atentan contra la vida misma…”.

En nuestro medio ocurren acontecimientos increíbles que parecen sacados de las películas de ficción y provocan miedo, pánico y tensión entre la comunidad porque atentan contra la vida misma al originar una contradicción entre lo que se dice proteger y los resultados obtenidos.

Es así como hace varios años aparecieron las ambulancias, pocas entre otras cosas, cuyo trabajo consistía en el apoyo y ayuda a los pacientes que en un momento determinado así lo requerían para ser trasladados a los centros de salud y lo hacían en forma rápida, segura y eficaz y en donde se les prestaba la atención de urgencia necesaria para salvar sus vidas. Pero en la medida que han pasado los años, la población ha crecido vertiginosamente, los medios de transporte han aumentado y por supuesto han surgido muchas más ambulancias como consecuencia del aumento de la accidentalidad, el creciente número de pacientes y lo que nos indigna, el afán de lucro en las prestadoras de este servicio, pues no de otra manera, se explica el alarmante fenómeno que hoy se presenta en nuestro municipio y en algunos vecinos.

Y es que ya se había denunciado el peligro en que han caído los operadores responsables del traslado de los heridos, enfermos y accidentados, y es nada más ni nada menos que en lugar de proteger sus vidas, las están matando, así de sencillo, tal como ocurrió esta semana en Tuluá y no es la primera víctima de la irresponsabilidad de los conductores de los vehículos que adelantan esta tarea, ya que a raíz de la problemática presentada se llegó a un acuerdo para que desde un mismo sitio y teniendo en cuenta el orden respectivo, se prestara oportunamente este especial y necesario servicio a la comunidad, pero ha sucedido que no todos se han acogido a la normatividad establecida y se continúa en la guerra inconcebible, en las calles de la ciudad, que al mismo tiempo pone en peligro no solo al paciente que es trasladado, sino a toda la gente que se encuentra a su paso, porque estos automotores que gozan de ciertos privilegios en razón del trabajo que deben cumplir, no hacen los pares, no respetan otros vehículos, hacen un ruido impresionante, molesto y fastidioso, que en nada se asemeja a los objetivos de su labor que debería ser todo lo contrario.

Y bien vale la pena recordar que hubo denuncias, sobre casos en los que estas ambulancias han sido utilizadas para adelantar labores particulares y en el afán de llegar temprano a su destino, utilizan las sirenas para abrirse paso entre el tráfico automotor, sin que de verdad estén prestando un servicio de urgencia, lo que se convierte en un abuso realmente repugnante.

Es urgente detener esta guerra de ambulancias que atentan contra la vida misma, lo que es contraproducente y produce entera desconfianza entre la población que ya ni siquiera hace caso a la necesaria obediencia para ceder el paso cuando de verdad están trasladando un paciente en peligro de muerte.

También te puede interesar:   Ojalá sea rápido y eficaz
Compartir: