“…Esta conmemoración se hace en medio de un afán de consumismo que es fatídico, inentendible e injusto…”.

Con frecuencia se olvida que el Dia de la Mujer se institucionalizó para recuperar su dignidad en el concierto de las naciones, toda vez que como consecuencia del machismo reinante a través de los siglos, se le relegó a un segundo plano, se le confinó al último lugar y durante la era postindustrial se abusaba abrumadoramente de su debilidad y se le forzó a largas, duras y penosas jornadas de trabajo que la asemejaban a la esclavitud de los primeros años de nuestra era. 

Si enumeráramos las violencias que han padecido, no tendríamos espacio suficiente en esta nota editorial y para recordar un poco su estado de indefensión y de supuesta minoría de edad, bástenos recordar que en este país, solamente en el año 1956 se le otorgó el derecho de votar libremente, cuando se le concedió la cédula de ciudadanía.

Y así sucesivamente, siempre se le ha mantenido al margen de la educación, basados en supuestos falsos que afortunadamente hoy han sido derrumbados y estamos viendo con claridad meridiana, su importancia, su igualdad de condiciones intelectuales, pero principalmente ese sentimiento de afecto, cariño y amor de un corazón que no le cabe en el pecho.

Sin embargo, podemos ver que a pesar de sus logros y conquistas, hoy la violencia se ha ensañado contra la mujer, en todas sus manifestaciones, maltrato, ultrajes, asesinatos, acoso, abuso sexual, de una manera tan vulgar que aterra, horroriza e indigna con las consecuencias fatales que tiene para la sociedad y es una actitud que no cesa, a pesar de todas las medidas establecidas por cada gobierno de turno y las instituciones creadas para protegerla y defenderla. No podemos dejar pasar esta celebración haciendo de la misma un sofisma de distracción, con algunas reuniones, ofreciendo algunas flores por un día, prometiendo casi siempre, amor eterno, cuando a la vuelta de las siguientes horas, se reincide en su maltrato, humillación, abuso, acoso, rechazo.

Esta conmemoración se presenta y establece con más frivolidad que con el deseo verdadero de ponerla en el sitio que se merece y se hace en medio de un afán de consumismo que es fatídico, inentendible e injusto, para las mujeres en condiciones de vulnerabilidad, para las que viven en el campo, en condiciones de desigualdad social y económica sin precedentes, tal como lo certifican los medios de comunicación día a día.

Si bien es cierto que la mujer tiene hoy muchísimas más oportunidades que en otros tiempos, también lo es que han crecido las violencias en su contra con manifestaciones de diferente índole, entre las que podemos citar, la explotación sexual, la trata de blancas, el comercio de las niñas y sin duda alguna la opresión de que es víctima en las grandes industrias, que no termina, sino que alcanza niveles escandalosos, cuando se le pone toda clase de trabas en su etapa de concepción,gestación y nacimiento de sus hijos, lo cual va en contravía de los derechos humanos en toda su magnitud, a pesar de los gritos unánimes que luchan por la igualdad de género.

Recuperar su dignidad, trabajar por su mejoramiento social y económico, restaurar su valor como persona, es tarea de toda la sociedad.

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