Las imágenes que están en la parte media de la torre urgen ser reparadas, pues lucen desgastadas. Además hasta el 2004, en esta lo-calidad se celebró la fiesta de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre.

La imagen captada por EL TABLOIDE muestra en toda su dimensión el templo de San Bernabé, nombre que a juicio de algunos ciudadanos debería cambiarse y retornar al de María Inmaculada Concepción, tal como como fue consagrada hace varios años atrás. Este santo, aunque no hizo parte de los 12 apóstoles sí fue considerado como tal por los primeros padres de la iglesia católica.

En esta población del centro del departamento, que aún conserva muchos aspectos tradicionales propios de los nacidos en el Valle del Cauca, hay un sitio de referencia y punto de encuentro obligado. Ese sitio es el templo de San Bernabé, el centro católico más importante de los bugalagrandeños.

Pero lo que pocos saben es que el templo está consagrado a la Inmaculada Concepción, una advocación mariana tradicional. De acuerdo con el historiador Eduardo Mejia Prado en su libro Formación histórica de un pueblo valluno siglos XVII-XIX, fue el ciudadano Casimiro González, dos años antes de su muerte, quien dispuso la entrega de 300 patacones (moneda de la época) para la realización de la fiesta anual a Nuestra Señora de la Concepción en la iglesia viceparroquial de la población.

Según el relato, los 300 patacones fueron destinados para el culto de la misma imagen, el arreglo del altar o diciendo las misas. León Pablo Wallens, historiador de esta población en su reciente libro Apuntes Bugalagrandeños Nueve, y que se presentó recientemente, reabrió el debate en torno a retomar el nombre del sitio de oración, pues San Bernabé es el patrono y el nombre de la parroquia, pero el templo desde hace varios siglos ya estaba consagrado a la Inmaculada Concepción.

Esta imagen de María Inmaculada fue instalada en 1950 y debe ser restaurada pues sufre algunas fisuras.

Justamente en el texto en mención, Wallens recuerda que la imagen fue traída por el sacerdote español, Juan Clotet Circums quien fue parroco entre 1898 y 1913 y fue trasladada junto a otras estatuas en el año 1943 cuando se terminaron las obras del templo ubicado frente al parque principal.

Según lo relata el texto histórico, ese día fue de fiesta para los católicos bugalagrandeños pues se cumplió con el acto litúrgico y de entronización de la imagen de María Inmaculada ubicándola en la parte media del templo y se consagra a ella el centro de oración.

Se abre la polémica

Corría la década del 70 cuando el sacerdote Willem Paulussen la baja del trono e instala un letrero que decía: Cristo, el único mediador entre Dios y los hombres, frase que para nada caló entre los bugalagrandeños quienes lo tomaron como un descomedido mensaje para quienes veneran a la virgen María y la tienen como su intercesora.

Años más tarde el sacerdote y párroco Luis Nolberto Gil Quintero baja el letrero del lugar e instala allí una imagen de Cristo crucificado. Este mismo párroco devolvió la virgen a su trono.
Ya en 1998 el presbítero Luis Gonzaga Restrepo la destrona una vez más y ubica allí la réplica del Señor de los Milagros.

En la actualidad el trono de la Inmaculada Concepción está ocupado por la Santísima Trinidad.

Nueva propuesta

En su libro León Pablo Wallens abre una discusión que deberán dar los católicos de esta localidad y tiene que ver con devolverle a María Inmaculada su lugar de privilegio y retomar la fiesta anual cada 8 de diciembre como lo pidiera don Casi-miro González al donar los 300 patacones hace 197 años.
“No conozco en 1992 año de la parroquia de San Bernabé, documento alguno en el que se consigne que el templo central lleve el nombre del patrono, como sí la parroquia creada el 14 de mayo de 1826.” dice el historiador bugalagrandeño.

Llamado de atención

Desde mediados del año 50 del siglo pasado, se ubicaron en la parte media de la torre del templo las imágenes de San Bernabé, María Inma-culada, San Pedro y San Pablo que fueron traídas desde Medellín, pero hoy están convertidas en una amenaza, pues el paso del tiempo las han desgastado y podrían venirse abajo lo que se convierte en un riesgo para los transeúntes.

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