La imponente cascada de La Ventiadora, un sitio que ofrece un paisaje impactante y que sirve para recargar las energías a través del efecto Lenard o ducha ionizada natural.

Un operativo de rescate de una familia que había sufrido un accidente vehicular y que obligó a los integrantes del Cuerpo de Bomberos Voluntarios a descender por uno de los tantos acantilados que conforman las montañas bolivarenses, se convirtió sin querer, en la oportunidad para encontrar dos cascadas de las que hasta el 2015 nadie parecía tener información.

“Ese día, luego de avanzar en el proceso de rescate nos llamó la atención el sonido de una caída de agua y con la inquietud sembrada después volvimos al lugar y tras cuatro horas de una extenuante caminata nos encontramos ante una imponente cascada que de inmediato nos refrescó por dentro y por fuera” relata Jhon Jairo Triana, un experimentado bombero e instructor quien además es un apasionado por la naturaleza.

“Luego de estar en las aguas y de captar la energía que de ella brota, nos pusimos en marcha para retornar a Bolívar, pero faltaba algo importante y era darle un nombre a ese lugar paradisiaco y tras analizar todo lo que se sentimos, optamos por darle el nombre de La Ventiadora, pues cuando el agua cae desde 50 metros más o menos el agua forma un remolino y expide un viento que refresca” indica Triana Payán, quien combina su labor de bombero con la de conductor de la ambulancia del hospital Santa Ana.

Recortando la distancia

Aunque la aventura para hallar esta cascada resultó apasionante y exigente, Jhon Jairo y sus amigos decidieron buscar una ruta más cercana y luego de levantar la planimetría respectiva lograron ubicar las fincas que guardan el tesoro natural y tras contarle a los dueños sobre la existencia del lugar emprendieron nuevamente la caminata y para sorpresa de todos esta solo tardó 45 minutos.

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La cascada de La Escondida, es un hermoso espectáculo natural que posee pasos entre las rocas, que por su forma llaman del ataud, pero que resulta emocionante pues antecede a la caida del agua en una altura de 30 metros.

“Es un trazado con algunas dificultades y se hace necesario usar cuerdas para descender, llevar calzado adecuado, pantalón y camisa de marga larga, bloqueador solar y buena hidratación” comenta Triana Payán.
Para hacer el recorrido hay que disponer de todo un día, pues se parte a las nueve de la mañana desde la finca luego de una charla explicativa sobre los cuidados que de deben tener para llegar al sitio. Ya en el lugar la estadía puede durar un par de horas, se nada y se impregna de la buena energía del lugar, se almuerza y se emprende el recorrido para volver al casco urbano de Bolívar sobre las 5 o 6 de la tarde.

Aparece La Escondida

Pero la expedición por el lugar no terminó y luego de varias caminatas, hace seis meses se toparon con La Escondida, una caída de agua que brota de las montañas y ofrece a quien llega hasta ellas un espectáculo indescriptible.

“Es otro mundo y resulta increible saber que poseemos tanta riqueza natural en nuestro municipio” comenta el joven que sirve de guía a quien desee vivir el turismo de aventura.

Recarga de energías

Dicen lo que llegan hasta La Ventiadora y La Escondida que en ese lugar las energías son diferentes y que ese abrazarse con las aguas que brotan de los acantilados renueva las fuerzas.

“A ese intercambio de energías positivas y negativas la conocen los expertos como el efecto Lenard y es una muy buena forma de cargar las pilas saludablemente usando una ducha ionizada pero recibiendo la buena energía de la Pacha Mama”, comenta este aventurero que dice estar en busca de otra cascada en esta zona que está en el área del Sara Brut en el corregimiento de Primavera, municipio de Bolívar, norte del Valle.

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