“…no todos los que llegan al gremio lo hacen por vocación y mucho menos por convicción…”.

El próximo 15 de mayo se conmemora en Colombia el trabajo docente con un día especialmente dedicado a todas las personas que hemos escogido como proyecto de vida la noble labor de la enseñanza.

Son diferentes las connotaciones y términos que a la profesión le han endilgado a través del tiempo. Maestros, licenciados, profesores y la que actualmente se usa docentes.

En lenguaje simple, quien se dedique a la docencia es un docente. Pero ¿será así de simple el significado que conlleva de forma implícita la gran tarea de educar? Considero que no.

Educar en la amplia extensión de la palabra es un verbo que ha cambiado generación a generación, así como han cambiado los términos con los que se identifica a las profesionales que asumen este gran reto.

Me quedo con el término Maestro, por aquello de que el primer Maestro fue Jesús.

Esa enseñanza pura con gran humildad, paciencia, ahínco y amor que algunas veces escuchamos de las historias bíblicas reflejan en cierta manera el apasionamiento que debería caracterizar de forma natural a quien por vocación o por cuestión laboral haga parte de la labor magisterial.

Y lo diferencio así porque con los últimos concursos de méritos no todos los que llegan al gremio lo hacen por vocación y mucho menos por convicción.

Lo hacen por llegar a una empleabilidad y sostenibilidad que ningún otro sistema en Colombia brinda. Ni siquiera el sector privado.

Ante la palabra Maestros nos debemos imaginar siendo parte de un conjunto de personas emocionalmente inteligentes, tranquilos pero no indiferentes, llenos de paciencia más no de lentitud, amables sin caer en lambonería, con buen ánimo que lo note quien esté al lado, estudiosos de las leyes, abiertos al diálogo y a la escucha plena, expertos en un conocimiento específico, tolerantes al cien por ciento, emprendedores, logísticos, seguros, tecnológicos, dispuestos y convincentes.

En el Día del Maestro un saludo y gratitud a todas las personas que se dedican a tan significante labor con la que transforman no sólo su vida sino la vida de los estudiantes y de familias enteras.

Si vamos a enseñar, hagámoslo de la mejor manera, con la más absoluta voluntad y el mayor de los apasionamientos.

Si no es así, no pierda el tiempo. Dedíquese a otra cosa, no engañe a los niños, no enrede a los papás y sobre todo sea ético con la labor que voluntariamente escogió.

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