“…obedecer las re-glas no es común entre nuestra gente, en donde se cree que la desobediencia es éxito…”.

Poner orden en una ciudad es muy difícil, complejo, dispendioso y costoso, y se necesita de muchísima paciencia, que es lo que todo gobernante debe tener en el ejercicio de su mandato, especialmente en estos municipios intermedios, que se fundaron en tiempos idos, cuando solo por sus calles transitaban, caballos, carretillas y hasta carruajes de los patrones, mientras los esclavos se limitaban a cumplir sus deberes de entonces, sin pestañear.

De eso llevamos más de cuatrocientos años, me refiero a Guadalajara de Buga y sus calles continúan siendo las mismas y entonces aparecieron los vehículos automotores y a duras penas si se alcanzó a instalar acueducto y alcantarillado, para luego llegar la carga de pavimento, haciendo un homenaje al tráfico automotor.

Hoy la situación es lamentable, el inmenso parque automotor, incluídas las motos, hacen del tránsito un caos, cada día menos manejable y con mayores problemas, entre los cuales vale la pena mencionar, el altísimo índice de accidentalidad.

Intentar poner fin a estos males es tarea inmediata de los mandatarios de turno.

Lo que debería ir acompañado de una intensa e incansable campaña de educación para toda la comunidad, ya que obedecer las reglas, no es lo común entre nuestra gente, en donde se cree que la desobediencia es un éxito en contra de lo establecido.

Así se comprueba todos los días, cuando vemos que las autoridades de tránsito por ejemplo, son agredidas no solo verbalmente, sino también físicamente, cuando tratan de hacer cumplir la ley. Es necesario una nueva educación, desde el hogar, que continúe en la escuela y se fortalezca en la universidad.

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