La subida a El Picacho, que no es exactamente al pico del cerro sino hasta Materas, ya es una costumbre que muchos tulueños han adoptado como una manera de mantener el cuerpo ejercitado, tal como lo mandan los conceptos médicos de hoy. Son alrededor de diez kilómetros que se pueden recorrer en dos horas para tonificar el cuerpo.

Cientos de tulueños hacen cada mañana o noche de los martes y los jueves, una rutina de ejercicio físico hacia el piedemonte como práctica para mantenerse sano. 

Si hay algo en lo que las nuevas generaciones tienen total coincidencia es en el cuidado del cuerpo y mantener una vida sana, sobre todo cuando la globalización ha hecho que el sedentarismo se apodere del individuo actual.

Si bien son muchos los tulueños que a mañana, tarde y noche copan los gimnasios y tonifican el cuerpo a través de pesadas y sofisticadas máquinas, todavía son más los que, atendiendo recomendaciones médicas, han optado por el ejercicio moderado que significa una caminata diaria.

Una de las travesías que mayor auge ha alcanzado en los últimos meses en Tuluá es por la vía a El Picacho, aprovechando que tiene una primera parte pavimentada y se encuentra iluminada hasta Materas, lugar al que muchos llegan a pie o en bicicleta.

Aunque es una práctica que se puede hacer diarimente, la costumbre ha establecido los días martes y jueves, tanto en las mañanas como en las tardes, para realizar el ejercicio.

Subiendo a El Boquerón

En medio de una noche cálida, la rutina inicia prácticamente en la vereda La Rivera donde se puede dejar la moto o el carro para continuar a pie un recorrido de aproximadamente diez kilómetros hasta Materas, poco antes de El Picacho.

Muchos van en grupos de tres o cuatro, aprovechando el ejercicio para «desatrasar el cuaderno» y ponerse al día en materia de chismes, lo que se convierte en el complemento ideal mientras se camina a paso largo, mediano o lento, según el género, la edad y el peso de los caminantes.

La primera etapa en terreno llano termina en lo que los tulueños de antes, los que iban a robar limones o bañarse en el charco de La Platina, conocieron como La Cruz, esa ye en la que se bifurcan dos carreteras, la de El Picacho a la derecha y la de la San Lorenzo a la izquierda.

Aunque hay mucho joven que hace la caminata a El Picacho, en su mayoría son personas entre 40 y 60 años quienes más practican la rutina.

Allí empieza la parte más difícil, en especial para los que van en bicicleta puesto que comienza la subida a El Boquerón, con el agravante de que por ser terreno destapado, son mucho los huecos y las piedras que se deben sortear.

Con el avance de los primeros metros subiendo, ya las piernas empiezan a sentir los síntomas del ejercicio más riguroso con dolores musculares que deben mitigarse con reducción del ritmo y, por qué no, pequeñas paradas que se aprovechan para observar el paisaje en el que a lo lejos se ve a Tuluá como una gran urbe iluminada por todos sus costados.

Estos primeros pasos empinados también sirven para que alguna mujer, ya madura en edad, alcance al grupo del chisme con una mascota canina que hace esfuerzos por zafarse del lazo y correr montaña arriba.

La subida sigue complicada aunque por momentos la carretera parece suavizarse un poco pero metros más adelante se empina de nuevo, con el agravante de que uno de los asiduos caminantes informa que todavía faltan cinco kilómetros hasta El Boquerón, donde muchos fieles católicos aprovechan para hacerle una pequeña oración a la imagen de la Virgen de la Medalla Milagrosa que desde lo alto vigila a los caminantes.

El riesgo de los ciclistas

Por fin, la meta propuesta, el paso de El Boquerón aparece a la vista, lo que significa un refrescante jugo de naranja aunque la noche en lo alto se hace un poco más fría pero el cuerpo requiere hidratación.

Muchos siguen hasta Materas, tres kilómetros más adelante, otros, generalmente los que hacen el recorrido en bicicleta se atreven a ir hasta El Picacho. El grupo de punto-cadeneta-chisme decide regresar desde El Boquerón.

La bajada, distinta a la subida tiene un riesgo que las autoridades deben controlar para evitar hechos lamentables: el descuelgue raudo de algunos que han hecho la subida en bicicleta, lo que puede causar el arrollamiento de algún caminante o, en una de las curvas, salirse de la vía con consecuencias imprevisibles.

Por fin de nuevo La Rivera, el clima cálido vuelve a reconfortar el cuerpo y las luces de la ciudad ya no tan lejos hacen prever que la caminata ha concluido por esa noche. El siguiente martes o jueves se puede repetir, igual de noche o también en las horas de la mañana, un horario que también tiene muchos adeptos.

En conclusión, no es ninguna novedad que practicar actividad física ayuda a tener un organismo sano, pero lo cierto es que no hace falta pasar horas y horas internados en un gimnasio para lograr estar saludables y tonificar el cuerpo. Lo que muchos no saben es que caminar es una de las formas más completas de ejercitarse.

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