Según diferentes versiones, en la vivienda que estaba ubicada en el barrio Alvernia había una fuerte actividad paranormal. La casa fue realmente construida en el año 1948 por el entonces propietario de Molinos Colombia y diez años después vendida a don Hernán Delgado Sarmiento.  

“…dicen que en la casa murió el propietario envenenado, se suicidaron sus dos hijas y una hermana suya…”

No han sido pocas las historias tenebrosas y hasta fantásticas que han tenido a Tuluá como epicentro. Basta solo con recordar la que cuenta cómo un monstruo, desde el fondo del agua, causó varias muertes en el Lago Chillicote. O cómo olvidar la del taxista que transportó a una monja hasta una sala de velación con el compromiso de esperarla y al percatarse de que no regresaba, fue a buscarla; finalmente el conductor la encontró, pero muerta dentro del ataud.

Ninguna de las dos, como muchas otras, pudieron ser comprobadas, pero quedaron en la memoria de los tulueños, muchos de los cuales aseguran que son historias reales y hasta ser testigos de los hechos.

“La casa de los sustos”

Pero tal vez la más reciente cuenta de una vivienda, ubicada en el tradicional barrio Alvernia, que fue catalogada por el equipo de “Misterios Paranormales” como la segunda más embrujada a nivel nacional.
Según lo aseguran en la página web https://aminoapps.com, esta casa ubicada sobre la calle 26, una cuadra antes de la clínica San Francisco, fue construida en el año 1883 por Leopoldo Sánchez Trujillo, cofundador de la antigua parcela agrícola Grobar, donde actualmente está construida la empresa de levaduras Levapan.
Dicen los mismos “científicos” de actividades paranor-males, provenientes de la ciudad de Medellín, que investigaron la vivienda durante 48 días y que en ese tiempo detectaron muchas situaciones extrañas.
Durante la investigación, dicen, se enteraron que en la mencionada vivienda falleció su propietario por envenanamiento, sus dos hijas por suicidio y como si fuera poco, su hermana, Ramira Sánchez, perdió la vida quemada.

“Con el equipo de última tecnología de reconocimiento paranormal, detectores de temperatura, cámaras infra-rrojas, sensores de movimiento se percató que el 80 por ciento de la actividad paranormal se registra entre las 11 de la noche y las 2 de la madrugada, horas en las que se supone ocurrieron las muertes de los integrantes de la familia”, cuenta la información publicada en la red y que logró su propósito de convertirse en viral.
Finalmente, la supuesta investigación asegura que la casa duró deshabitada entre los años 1985 y 2006, es decir 21 años, pues las personas que la arrendaban no duraban más de un año en ella. “Lo que allí se presenta no los deja vivir en paz”, enfatizan los investigadores.

Como si lo anterior fuera poco, el diario El Tiempo publicó hace algunos años la misma información, dando entero crédito a lo dicho en el blog digital. La magnitud de los datos dados a conocer hizo que los habitantes de la Villa de Céspedes empezaran a identificar a la hermosa y amplia vivienda que estuvo por más de 60 años en pie, como la casa de los sustos, la segunda con mayor actividad paranormal en Colombia, la que por esa misma razón, según la imaginación tu-lueña, debió ser demolida hace algunos meses para erradicar de una vez por todas esos incómodos espíritus que no la dejaron habitar durante muchos años.

La versión real

Consultado por EL TABLOIDE, Carlos Hernán Delgado Sierra, uno de los últimos propietarios que tuvo la afamada casa, sobre la veracidad de la presencia de fantasmas en su interior, aseguró que todo lo dicho en torno a su vivienda materna es falso.

De acuerdo con lo explicado por este tulueño de pura cepa, la llamada casa de los sustos fue construida en el año 1948 por Alonso Ville-gas, avicultor y entonces propietario de Molinos Colombia, negocio que estaba ubicado cerca al coliseo de ferias Manuel Victoria Rojas. Diez años más tarde, la casa fue adquirida por Hernán Delgado Sarmiento, su padre.

“Allí vivieron desde esa epoca mis padres, allí crecimos mis dos hermanas, que aún viven, y yo. Nunca nos mudamos de casa y solo se vio desocupada en el año 2016, cuando mi madre falleció”, enfatiza este hombre que no entiende en qué momento se creó esta historia, propia de las películas de terror.
“Esa casa brindaba tal seguridad, que mi madre, después de que mi padre falleciera a causa de un infarto, se quedó viviendo sola por cerca de 20 años. Jamás dijo sentir cosas extrañas en la casa y mucho menos temor”, asegura Delgado Sierra.

Sobre el motivo que llevó a la demolición de la vivienda, explica que después de que su madre, Carmen Sofía Sierra falleció, los tres hermanos herederos decidieron venderla. “Fue determinación del nuevo dueño tumbarla, porque su objetivo no era vivir allí, quería poner a rentar el terreno”, puntualizó.
Y sí, la famosa casa fue demolida y en su reemplazo fue construido un parqueadero con locales comerciales que poco a poco se han ido arrendando, a pesar de existir varios bogifóbicos (personas con un persistente e irracional miedo a lo sobrenatural y las leyendas urbanas), que insisten en creer que en ese terreno nada ni nadie progresará.

Mientras persiste esta historia y se crean muchas más, que seguramente ganarán veracidad gracias al uso irresponsable de las redes sociales y la imaginación novelesca de los nacidos en esta tierra, en uno de esos locales ya abiertos al público, funciona una cafetería en la que a diario se dan cita varias personas por su comercial ubicación y a la que los tulueños llegan con la indicación: “nos vemos en la cafetería de la casa de los sustos”.
Por alguna razón, Gardea-zábal en una oportunidad dijo “a Tuluá no se metió la guerrilla por miedo al chisme”.

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