Son cientos los alumnos que han pasado por los salones de la Institución Educativa Corazón del Valle a lo largo de su historia. Muchos de ellos aún siguen añorando sus instalaciones y hoy, ya adultos, vuelven para recorrer sus aulas.

Las transformaciones que sufren los pueblos en el elemental desarrollo urbanístico permite que predios en donde antes funcionaba una planta de sacrificio animal, con los años se transforme en una institución educativa y, lo que por mucho tiempo fue escenario de muerte, hoy esté convertido en espacio para la vida académica de cientos de personas.

Este es el caso de la Institución Educativa Corazón del Valle donde, según recuerdan los tulueños de mitad del siglo pasado, operó por muchos años el Matadero Municipal.

Al sacar de allí la planta de sacrificio para trasladarla a un costado del Coliseo de Ferias, las autoridades municipales remodelaron las instalaciones y en poco tiempo se convirtió en la escuela Tomás Uribe Uribe, nombre que tomó por el barrio en donde se encontraba.

De acuerdo con los archivos de la institución, todo funcionó de manera normal hasta el año 2001 cuando el Gobierno Nacional emitió la Ley 715 que ordenaba la fusión de varias escuelas y se escogía una, la de mayor número de estudiantes, para que fungiera como sede central.
Choque de egos

En razón a la amplia zona y la distancia en donde se hallaban, se dispuso que las escuelas Guillermo E. Martínez y Tomás Uribe Uribe asumieran como Instituciones Educativas con funciones independientes.

Según recuerdan profesores de la época, los primeros dos años se desarrollaron de manera normal pero, hacia 2003, el gobierno municipal decidió la fusión de las dos instituciones y que una de ellas debía tomar la bandera como sede central otorgándosele esta distinción a la Guillermo E. Martínez.

Estalló un conflicto entre las instituciones porque cada una quería ser sede central y en eso se enfrascaron profesores y alumnos, lo que se vino a dirimir gracias a la mediación del licenciado Héctor Alfredo Páez, quien logró limar las diferencias y se tomó el nombre de Corazón del Valle.

Esta denominación, coinciden también los docentes, tiene dos razones: la primera por ser Tuluá la ciudad Corazón del Valle, y la segunda por encontrarse la sede central en el corazón de la ciudad.

Así, fue solo hasta el 2003 cuando se dirimió el conflicto, asumiendo la Corazón del Valle las demás sedes: Guillermo E. Martínez, José Antonio Galán, María Inmaculada, San Judas Tadeo, Madre Caridad y San Antonio.

A partir de ese momento, la Institución Educativa asumió un rol que, a lo largo de los años, ha sido el estandarte del establecimiento: el rescate del ser humano a partir de lo espiritual.

Joselin Russi Coy, actual rector de la Institución Educativa, precisa que es mediante el desarrollo de programas que estimulan la convivencia como se ha podido cambiar la mentalidad de los estudiantes y los padres de familia, logrando un mejoramiento sustancial en sus hogares.

 

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Aprendiendo a convivir
Desde la entidad se adelantan programas como El menor trabajador, Conviviendo de corazón, Motivando corazones y de Corazón a corazón, todo ellos dirigidos a motivar la convivencia y las sanas relaciones, logrando incluso la regeneración de muchos estudiantes que llegaron allí desahuciados de otras instituciones.

«Estamos completando siete años con el programa Aulas en paz, en el que, con niñas de segundo a quinto, desarrollamos competencias ciudadanas a partir de talleres de lectura de casos reales, lo que baja la agresividad del estudiantado y mantenemos entonces una convivencia pacífica» agrega el rector con orgullo.

Otro de sus orgullos ha sido el gran número de egresados de sus aulas que hoy triunfan en diversas carreras, destacando entre varios de ellos a Lorena Blandón que hoy hace carrera en la Policía Nacional; Jhonier Correa, campeón suramericano de karate do; Jhona-tan Cruz, campeón nacional de lucha e integrante de las Fuerzas Militares; Brayan Quintero Herrera, estudiante de la Unidad Central del Valle y quien avanza firme en su carrera como escritor y Jefferson Gó-mez, hoy director de la banda de paz de la misma institución.

Finalmente el rector destaca el que la Institución Educativa Corazón del Valle haga parte del grupo de las que tienen jornada única, la articulación que sigue sosteniendo con el Sena y el acondicionamiento de dos aulas, con todos los adelantos tecnológicos del momento para el programa de bilingüismo que les fue asignado por la Gobernación del Valle, en conjunto con la Universidad Nacional Abierta y a Distancia, Unad.

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