Si la abeja desapareciera de la superficie del globo, al hombre solo le quedarían cuatro años de vida; sin abejas no hay polinización, ni hierba, ni animales, ni hombres.

Las cerca de 100 colonias de abejas que pueden existir en Tuluá, lejos de ser un problema para la ciudadanía, podría ser una prolongación de la vida humana, hecho que solo tienen claro especialistas en ellas, como Harvy Quiceno Téllez.

«Mi función como analista ambiental con especialización en apicultura no es otra que hacer una recuperación y protección, muy diferente al control mediante el cual se maltratan y hasta se matan las abejas» señala el apicultor en medio de varias colmenas donde habitan.

Su trabajo cobra relevancia ante las constantes denuncias ciudadanas de la existencia de enjambres de abejas en distintos puntos de la ciudad, una situación que se ha vuelto de difícil manejo por cuanto no existe una normatividad clara en cuanto a qué entidad estatal le corresponde atender este tipo de situaciones.

Tanto el Cuerpo de Bomberos como la CVC y el municipio a través de la Oficina de Gestión de Riesgo de Desastres se apoyan en sus conocimientos y experiencia de 35 años para responder a los llamados de la comunidad que se llena de pánico cuando descubre un enjambre.
Según fuentes del municipio, el interior de la Unidad Central del Valle posee un número importante de enjambres, tanto por el bosque donde hay gran floración, como por la existencia a su lado de la empresa Nutrium, antigua Productora de Jugos.

Según Quiceno, el país tiene dos periodos de floración, el primero durante los meses de abril y mayo y el segundo entre octubre y noviembre, y en esos lapsos se pueden formar entre cuatro y siete enjambres de abejas con un mínimo de 12 mil individuos y un máximo de 20 mil, agregando que como enjambre se conoce a un grupo pequeño mientras que uno más grande es ya una colonia establecida, la que puede albergar hasta 50 mil abejas.

«Tuluá necesita con urgencia un censo de las colonias establecidas para proceder a hacer un proyecto de recuperación y protección. Pongo a disposición mi trabajo y función como capacitador para desarrollar una labor eficaz que permita respetar la vida de estos animales que, como decía Einstein, son nuestro soporte vital» finaliza Quiceno.

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