El sistema ya cuenta con una red amplia de establecimientos en Tuluá. La idea nació tras conocer el sistema de una colonia agrícola israelí en la que todo es comunitario.

Las cientos de horas durante las cuales repasó posturas filosóficas de los grandes pensadores, sumado al estudio profesional de comercio exterior, finalmente le mostró a José Alberto Castañeda el camino para idear una aplicación que permitiera mejorar la calidad de vida de las personas.

Así define el joven emprendedor tulueño El Kibutz, la aplicación que en breve pondrá al servicio de los tulueños y el universo en general para desarrollar sus compras cotidianas mediante una tarjeta.
«Se trata de un sistema para hacer cualquier tipo de transacción, grande, mediana o pequeña, usando nuestra tarjeta, lo que le generará puntos que luego pueden ser redimidos en nuevas compras» explicó el emprendedor.

El proyecto ya cuenta con el apoyo de la cooperativa Cofincafé, a través de la cual se pueden hacer las afiliaciones y de la cual el usuario recibe una tarjeta débito que se opera a través del Banco Bogotá.
Según Castañeda, con la tarjeta El Kibutz se puede hacer cualquier tipo de transacción, desde tanquear un vehículo, pagar un corte de cabello o una cuenta en la cafetería, lo que dinamiza la economía y genera mayor seguridad en el usuario.

«Todo esto lo he aprendido de manera empírica a través de tutoriales que bajo de Youtube. En pocos días estaremos haciendo el lanzamiento para todos los tulueños pero también será un sistema universal por cuanto quedará en la nube» agregó Castañeda.

La vinculación se puede hacer en línea y los nuevos usuarios también quedan inscritos como afiliados a Cofincafé, entidad financiera que le creyó al proyecto de Castañeda.
“Ya tenemos una red muy amplia de establecimientos y negocios de todo tipo que están unidos a El Kibutz, lo que garantiza que el usuario pueda hacer todo tipo de transacciones de manera práctica” agregó el gestor del aplicativo.

El Kibutz es un término de origen hebreo que en Israel se refiere a una colonia agrícola de producción y consumo comunitarios y cuyo lema filosófico es «todo el mundo pone lo que puede y recibe lo que necesita».
Lo que más distinguía a este tipo de comunidades es que se negaban a tener propiedad individual. Vivían en colectivo, compartían y generaban todos los bienes de los cuales disfrutaban. La educación, el trabajo, la cultura, la comida y la convivencia eran en todo momento colectivos. Los individuos se veían a sí mismos como miembros de un grupo unitario que trascendía incluso a la propia familia.

También te puede interesar:   Advierten detrimento por $1.090 millones en Infituluá
Compartir: