El mayor Julio Fernando Mora Escobar, luego de permanecer por cuatro años y medio en Tuluá como comandante de Estación, iría en comisión al exterior. La meta de este oficial tulueño es llegar a ser General de la República y por que no director de la Policía Nacional

Con sentimientos encontrados, este hombre nacido en Tuluá, recuerda cómo de niño jugaba en las calles del barrio Fátima y sus momentos más felices fueron en la escuela Ricardo Nieto, además de los compartidos con los amigos cuando salía de su casa sin permiso para recorrer el puente colgante sobre el río Tuluá y que en los 90 comunicaba a los barrios Fátima y la Avenida Cali.

Julio Fernando Mora Escobar, hijo de un policía que le inculcó los valores y el respeto por los demás y quien creció en medio de una familia con arraigo policial, desde muy niño soñó con seguir los pasos de su padre, quien se pensionó de la escuela de Policía Simón Bolívar en el grado de Sargento viceprimero.

Reconoce que su juventud, pese a haberla disfrutado con muchos momentos placenteros como el irse a escondidas de sus padres a bañar al Rumor con sus amigos de colegio y de la cuadra, le falto vivirla con más intensidad, como cualquier joven lo hace; de no haber sido por su anhelo de alcanzar sus sueños.

Hoy, de 36 años de edad, recuerda que cuando ve a sus profesora les agradece por sus enseñanzas y exigencias, los cuales, según él, lo han llevado a ser un ciudadano de bien y de servicio a los demás.

Su paso por el colegio Franciscanos, donde logró el título de bachiller, es un grato recuerdo por su pasión por el fútbol, deporte que entrenaba en las canchas del Gimnasio del Pacífico.

El mayor Mora se considera amigo de sus amigos, tiene presente que las cosas se dan por gracia de Dios, pues siempre está presente en todas sus acciones.

Reconoce que no ha sido el más brillante estudiante pero sí uno con disciplina académica y alto grado de responsabilidad, características que lo han llevado a donde se encuentra hoy.

El verde oliva en la sangre

Mora Escobar, siguiendo la huella plasmada por su padre y otros familiares de rectitud, disciplina y responsabilidad, prestó su servicio militar como Auxiliar de policía Bachiller en la estación de Tuluá, pero de forma paralela presentó los documentos, para convertirse en oficial de la Policía Nacional.

Llevaba solo seis meses prestando su servicio militar cuando fue admitido para que iniciara su carrera en la Escuela de Cadetes Francisco de Paula Santander.

Sólo tenía 17 años de edad cuando debió dejar su tierra natal y desplazarse, empuñando una maleta negra y un morral en sus manos, para alcanzar sus sueños y dejar en alto el nombre de la familia, la ciudad, sin imaginarse que el camino lo dejaría abierto para que los menores del clan Mora siguieran su ejemplo.

La experiencia

Tres años de formación para convertirse en subteniente, pasaron rápido, según él, por esa pasión con la que vive el ser policía. Su primera experiencia como oficial la tuvo en el departamento del Tolima, donde llegó a ser el comandante de Auxiliares Bachilleres. De allí fue trasladado al municipio de Honda como comandante de Estación de Policía.

Luego lo trasladaron para Carmen de Apicalá, San Luis, Espinal, en Planadas, en el sector de Gaitania, donde vivió momentos difíciles por las acciones de la guerrilla de las Farc, pero que por fortuna, él y sus hombres supieron sortear y salir bien librados de los ataques continuos de los que eran objeto.

De ese punto salió a trabajar en el municipio de Cunday, también en la tierra musical de Colombia.

Prestando sus servicios en el departamento del Tolima, fue llamado para hacer curso para teniente efectivo, y luego de su formación fue enviado a la Metropolitana de Medellín y posteriormente trasladado al departamento del Chocó, en el que permaneció por espacio de dos años y medio.

El mando institucional lo envió al Norte de Santander luego de que se creara la Metropolitana de Cúcuta en el año 2008, donde desempeñó varias funciones.

Desarrollando trabajos como jefe de la Policía Comunitaria en el Norte de Santander, fue llamado a curso de Capitán, pero continuó su trabajo en esa zona del país.

Con el pasar de los años llegó el momento de ascender a mayor y una vez terminado el proceso de formación es enviado al Valle del Cauca, donde el comandante de la Policía del departamento lo envía a trabajar a Tuluá, su tierra natal.

“Me sorprendió pero a la vez me llenó de alegría por trabajar en mi tierra y hacer algo por la seguridad y el buen nombre de la Villa de Céspedes”, enfatiza.

Era el 2014, una época crucial en que la delincuencia tenía azotada la ciudad, donde delitos como la extorsión, el narcomenudeo y el sicariato eran el plato fuerte, situación que se convirtó en un reto, pues era algo atípico llegar a esta ciudad que lo vio crecer.

Con el pasar de los días, los meses y los años las cosas han ido cambiando y hoy, este tulueño agradece no solo a la comunidad por la confianza, sino a sus hombres que entendieron el compromiso con la ciudad.

Reconoce que uno de los mayores flagelos de Tuluá es el microtráfico, pues es el motor generador de delitos conexos como el homicidio.

Pese a no sentirse profeta en su tierra, dice que hizo lo que tenía que hacer y le cumplió a la institución en esta ciudad y los miles de tulueños que siempre confiaron en él, en su trabajo y en sus hombres, respaldo ciudadano que lo llevó a ser reconocido como el mejor oficial del Valle del Cauca, reconocimiento que le permitirá a este tulueño de pura cepa ir en nombre de la Policía Nacional, a una comisión al exterior, mientras adelanta su curso de ascenso a teniente coronel.

El Mayor Julio Fernando Mora Escobar, quien por estos días disfruta de sus vacaciones en una isla paradisiaca, anhela volver al Valle del Cauca como comandante de la Policía del Departamento, para seguir formando su carrera hasta llegar a ser general de la república y porqué no, ser director de la Policía Nacional.

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