“…Ha llegado el momento de darle a los partidos tradicionales su credibilidad…”.

Entendemos que la misión de la clase política la nueva y la tradicionales la devolverle al ejercicio político el rango y la respetabilidad necesarios para que se entienda como un quehacer honorable en el cual pueda depositar la confianza la militancia partidista.

Ya vamos conociendo el trabajo preelectoral de los diferentes grupos, con sus respectivos candidatos, en que se encuentran divididos los partidos actuantes, inclusive las intrigas que se tejen entre los precandidatos de la misma corriente política. Parece que no trabajan con criterio político, sino mercantilista.

El estudio de los problemas colombianos ya no es el medio para obtener los supremos galardones en los partidos.

Sin embargo, hay que dedicarle tiempo al análisis de los problemas, regresar al estudio de los informes y de las estadísticas y defender la moral administrativa, es decir, luchar contra la corrupción, de la cual, esperamos, que las nuevas figuras, no hagan parte en el futuro.

Hay jóvenes valiosos, como gente experimentada en el manejo público, que están trabajando, para llegar a las corporaciones departamentales y municipales, lo mismo para los cargos ejecutivos y, deben de pensar que se debe trabajar inicialmente por la paz, por el respeto de los derechos humanos, tienen que mostrar una nueva coherencia intelectual, un renovado dinamismo, una especial preocupación por los asuntos de interés nacional y comarcanos, como el ambiental, si desean aglutinar los votos de los potenciales electorales.

Ha llegado el momento de darle a los partidos tradicionales su credibilidad, el ejercicio de la política es duradero solo a través de los partidos, entidades que deben, si quieren sobrevivir, combatir a los deshonestos, a los corruptos y ejercer una vigilancia de los actos políticos de las administraciones gubernamentales.

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