La justicia Penal Militar asumió la investigación para esclarecer el caso, registrado en la madrugada del domingo, y que alteró la tranquilidad de los tulueños.

Los sueños y metas de dos personas, distintas en su forma de actuar y hasta de origen natal, pero que coincidían en su vocación de servicio a la comunidad, terminaron en tragedia por razones que no se conocen plenamente.

Esta historia dolorosa se escenificó en la escuela Simón Bolívar, donde el pasado 30 de diciembre un auxiliar de la policía asesinó a un superior y le causó heridas de gravedad a un patrullero de esta institución de formación policial.

Hace siete meses llegó a la citada escuela un joven de 19 años de edad, con el fin de prestar un servicio militar como auxiliar regular, joven que cumplió con todos los requisitos médicos, psiquiátricos y físicos para hacer parte de la Policía Nacional.

Juan David Loaiza Franco, como fue identificado este auxiliar de Policía, soñaba con prestar su servicio militar, y luego culminar sus estudios para sacar a su familia adelante como un buen profesional.
Pero la madrugada del domingo se tornó oscura y fría y por motivos no establecidos con claridad el mismo joven se encargó de truncar esos sueños.

El reloj marcaba las 12 y 50 de la madrugada, cuando el intendente Alexánder Echeverry Grajales, de 36 años, llegó a pasar revista a la garita número seis, ubicada en el área de las casas fiscales de la escuela de Policía Simón Bolívar, y luego de llamar la atención a Loaiza por razones que no se han dado a conocer, llamó al patrullero John Alexánder Sánchez Romero, de 30 años de edad, para que lo relevara.

Al parecer la situación, que es materia de investigación, descontroló al auxiliar Loaiza Franco, quien accionó su fusil de dotación contra el suboficial Echeverry Grajales y le propinó dos impactos de bala en el tórax y abdomen, falleciendo de manera inmediata, mientras que el patrullero que llegaba al relevo de centinela resultó herido de consideración en el abdomen y mano derecha, por lo que fue trasladado a la clínica Mariángel de Tuluá y luego remitido a un centro asistencial de Cali.
Una vez cometido el atentado se encendieron las alarmas, lo que generó pánico entre quienes allí se encontraban.

La persecución

El joven Juan David Loaiza Franco, emprendió la huida del lugar llevándose consigo un fusil 5.56 y dos proveedores, y en su recorrido atravesó un cañaduzal, saltó al río Tuluá para luego salir a un predio privado, hasta donde fue alcanzado por nueve hombres del Grupo Operativo de Comandos Jungla de la base Antinarcóticos de la Policía Nacional.

En la búsqueda de refugio el auxiliar llegó hasta una discoteca ubicada en la carrera 40 con calle 48 del barrio La Bastilla. El grupo especializado Jungla interceptó al joven, quien al verse sorprendido por los uniformados disparó con su arma de dotación en dos oportunidades, por lo que fue dado de baja con un disparo en el tórax.

Los cuerpos de los dos uniformados que fallecieron en este caso de intolerancia e insubordinación, fueron trasladados a sus lugares de origen. El intendente Echeverry Grajales fue llevado a la ciudad de Manizales, donde sus familiares y compañeros le dieron el último adiós en medio de honores, mientras que el auxiliar regular Loaiza Franco fue conducido hasta el barrio El Paraíso en Tuluá, donde residen sus familiares.

Las víctimas

De acuerdo con las informaciones, el intendente Alexánder Echeverry Grajales era oriundo de la ciudad de Manizales, en el departamento de Caldas. Desde hacía 17 años y 9 meses hacía parte de la Institución Policial, estaba casado y deja dos hijos, uno de ellos de brazos. En la actualidad se desempeñaba en la oficina de Talento Humano de la Escuela de Policía Simón Bolívar y el día de su muerte estaba como suboficial de servicio.

El suboficial contaba con varias anotaciones positivas en su hoja de vida por las acciones en pro de la institución y la comunidad en general. Entre tanto, el joven auxiliar regular de Policía Juan David Loaiza Franco, tenía 19 años de edad, había ingresado a prestar su servicio militar en el mes de abril del año 2018.
El joven llevaba ocho meses de servicio, tiempo durante el cual no presentó llamados de atención y no registró antecedentes de psiquiatría o problemas psicológicos.

El auxiliar adelantaba estudios de negocios internacionales, de acuerdo con lo planteado por sus familiares, quienes además señalaron que tenía muchos sueños, entre ellos sacar a su mamá, y a su hermana adelante. Horas antes de su muerte había dialogado con su mamá, quien dijo lo notó tranquilo y alegre.
“Él había manifestado que no seguiría en la Policía, que esa experiencia lo tenía cansado y que se dedicaría a estudiar”, señaló Dora Li Franco, tía del auxiliar.

Por su parte el patrullero Jhon Alexánder Sánchez Romero, de 30 años de edad, natural de Bogotá, se encuentra casado, sin hijos y con 10 años en la institución, y esa noche se encontraba como relevante de la Unidad de Información de la Esbol. El uniformado se encuentra recluido en un centro asistencial de mayor complejidad ante la gravedad de la lesión que sufrió en su brazo derecho.

Los caninos

Pero la tragedia que se vivió en la Escuela de Policía Simón Bolívar, se trasladó a una familia propietaria de una finca de descanso, ubicada en el callejón de La Bastilla, donde fue asesinado uno de sus perros y otro más quedó gravemente herido.

De acuerdo con lo planteado por el ciudadano identificado como Danilo Mora, varios uniformados ingresaron a su propiedad en búsqueda del auxiliar fugitivo y al parecer los perros que hacía un mes y medio los habían traído de la ciudad de Fuerte Ventura en España, de raza Bardino, fueron impactados con tiros de fusil en la cabeza y el cuello.

De acuerdo con las informaciones, los caninos tenían cuatro y cinco años de edad.
El propietario de estos animales no tiene claro si sus mascotas fueron atacadas por el auxiliar fugitivo o por los uniformados que lo perseguían.
Este tulueño espera que las autoridades entreguen una explicación frente al tema y respondan por los hechos.

Otros hechos

En la historia de la Escuela de Policía Simón Bolívar se han registrado tres tragedias. La primera de ellas se escenificó en el año 2004, donde dos estudiantes adelantaban un ejercicio de estanquizamiento (Salvamento y supervivencia acuática), que para la fecha se desarrollaba en un lago de la finca Loma Redonda. Los jóvenes murieron ahogados.

Tres años después, es decir en el 2007, otros dos estudiantes adelantaban una práctica de inteligencia, donde se debieron disfrazar como habitantes de calle. En el marco de ese ejerció que se cumplía en la noche fueron atacados a bala por desconocidos, falleciendo de manera inmediata en un andén de una bodega en la carrera 40, y el más reciente y que conmovió a la ciudadanía en general fue el registrado en la madrugada del 30 de diciembre.

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