“…la mayoría de los hogares ya no logran orientar hijos acordes con los principios que profesa…”.

La causa universal más importante de la efervescencia y resentimientos juveniles es la misma que comparte la humanidad entera.

Al poco tiempo después de empezar a enterarse de la enormidad del conflicto en que se encuentra este mundo moderno, el adolescente empieza a preguntarse ¿por qué?, se pregunta ¿cómo que el mundo llegó a este extremo.

Por qué lo hizo y cuál será su destino?.

Él, siente enfado por las condiciones del mundo actual. En algunas ocasiones se siente entusiasmado ante causas o ideales que él piensa podrán ayudar a cambiarlo y se convierten en manifestantes y aún llegan a participar en revueltas.

No obstante, en otras, se resignan a la situación desesperada a tal grado, que simplemente se da por vencido, asume una actitud derrotista y vive únicamente para el momento, en una marisma de sexualidad licenciosa, drogas, crimen y desaliento.

Los tradicionales “formadores de opinión” de la sociedad de cualquier sociedad han sido siempre el hogar, la escuela y la iglesia.

Pero la mayoría de los hogares ya no logran orientar hijos acordes con los principios que profesa.

Ya a la escuela le parece imposible moldear el pensamiento de sus alumnos. Y el estentóreo clamor que escuchábamos desde los púlpitos, ya no amedranta a los jóvenes de hoy.

En medio de la turbulencia juvenil, estos tres guías resultan inefectivos para disminuir, desterrar la rebelión del adolescente.

A ellos responsabilizan del actual estado de cosas. Y la razón de esto es que los adolescentes sienten que han sido decepcionados en mayor grado por los tres estamentos.

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