“…caemos en un tipo de envidia que permite manifestar nuestra crueldad…”.

“Jesús añadió: En verdad les digo que ningún profeta es bien recibido en su patria” Lucas 4,24
Jesús va a la sinagoga de Nazaret y en medio de los suyos tiene la oportunidad de participar de la reunión sabática de la comunidad, donde se le encomienda hacer la lectura y brindar alguna explicación al respecto y esto suscita unas reacciones en medio de sus allegados: 1° admiración y aclamación por aquel que siendo un humilde carpintero enseña con autoridad, y 2° desconfianza, pues el hijo de José plantea un programa de acogida a todos los excluidos de la comunidad.

No gusta del todo Jesús a los suyos pues lo que quieren es venganza contra los opresores del pueblo y lo que él plantea es incluir a todas las personas en el proyecto de realización y salvación que Dios tiene no para algunos privilegiados sino para todos aquellos que tienen precisamente el privilegio de ser sus hijos y de experimentarlo como Padre providente.

La gente conoce de Jesús y sabe cuáles han sido sus acciones en otros pueblos y ciudades y quieren tener el gusto que entre ellos se realicen acciones milagrosas y se pronuncien palabras de sabiduría; pero bien conoce Jesús a los suyos y sabe cómo reciben a los profetas en su propia tierra.

Con cuánta frecuencia despreciamos a las personas, no valoramos sus esfuerzos, nos parece increíble que este o aquel que conocemos haya alcanzado tal o cual posición y caemos en un tipo de envidia que permite manifestar nuestra crueldad y también nuestras incapacidades.

Hoy existen muchos excluidos por razones sociales, económicas, étnicas, religiosas, políticas, logrando con esto expresar el deseo de unos cuantos por pisotear y destruir derechos, por no valorar esfuerzos, por no comprender y aceptar las diferencias, por no tener en cuenta las minorías.

Jesús nos enseña que Dios tiene un plan de realización y de salvación que no excluye a nadie, que todos estamos convocados, pues la cercanía y presencia del Reino de Dios es para todo aquel que quiera dar respuesta positiva al deseo salvífico de Dios.

Para Él todos somos importantes, somos sus hijos y por tanto tenemos la posibilidad de gozarnos en su misericordia. Jesús es “Dios con nosotros” y por eso su misión se encamina a los necesitados, desprotegidos, excluidos, a los que no tienen esperanza y a todos nosotros que en fe hemos optado por Él y su camino de salvación.

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