“…procuremos en-tender que le estamos diciendo a la otra persona que queremos que el Señor nazca…”.

“Se llenó Isabel del Espíritu Santo y exclamó: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre” Lucas 1,41-42. Cuando el ángel le anuncia a María que va a ser la madre del hijo de Dios, le dice, además, que su pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez “pues nada es imposible para Dios” (Lc 1,37), y ella inmediatamente va a visitarla para compartir la alegría de la elección y esto permite la manifestación del Espíritu Santo y las palabras de la mamá de Juan Bautista.

Decir que alguien es bendito implica reconocer una acción extraordinaria de Dios en esa persona, llamado y elección para una misión especial, vocación específica y actitud de vida recta delante de la comunidad, y en este caso particular Isabel reconoce la grandeza de María y sobre todo, la santidad de la criatura que lleva en su vientre.

Siempre que celebramos a María lo hacemos en virtud de su hijo Jesús, pues toda su vida se orienta a él y tiene sentido desde él, por eso no hay ningún gesto de adoración a ella, pero sí de veneración, pues no podemos olvidar que aquello de “solo a Dios adorarás” (Dt 6,13) se cumple a cabalidad en la relación que tenemos con Jesucristo.

El tiempo de Adviento nos ha preparado, domingo a domingo, para la celebración de la solemnidad del nacimiento de Jesús y también nosotros hemos de proclamar que es bendito porque es “Dios con nosotros” (Is 7,14), pero debemos hacer conciencia que esa presencia implica encarnarse en cada uno para continuar de forma más estrecha aún la historia de salvación que Dios, nuestro Padre, tiene para cada uno de sus hijos.

Tal vez tendemos a quedarnos con lo exterior de este tiempo (luces, música, fiestas, adornos, alimentación) y sin embargo, eso que no es más que accidental, nos podrá ayudar a tener una adecuada cercanía con el Señor, a aceptar su presencia en nuestras vidas, a celebrarlo con fe y a vivir conforme a sus enseñanzas.
Navidad es la celebración del nacimiento de Jesús y al desearnos “feliz navidad” procuremos entender que le estamos diciendo a la otra persona que queremos que el Señor nazca y permanezca en ella, como un derrotero de vida y por tanto como un patrón de comportamiento cuyas enseñanzas están contenidas en los Evangelios.

Una feliz Navidad para todos: que Jesús nazca en cada corazón, en cada familia, en nuestra sociedad y con su presencia tengamos un mundo más justo y pacífico, más amoroso y solidario, más lleno de misericordia y caridad.

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