Perros y gatos abandonados por sus amos han encontrado en la fundación y en esta mujer a su protectora. Vive en función de ellos porque ama con pasión a los animales.

Los perros y gatos en situación de abandono han encontrado en Claudia Liliana Sánchez a la mujer que les proporciona el amor que sus dueños y amos dejaron de darles. Un ejemplo de compromio social que debería ser respaldado desde el gobierno, pero no hay eco a sus peticiones.

Desde hace casi una década, en la Tierra del Alma, nació una fundación que tomó el nombre de Coquena, nombre que rinde homenaje a un duendecillo que según la tradición oral castigaba a quienes maltrataban a los animales.

En los inicios, el sueño de crear una entidad que le diera un lugar digno a los perros y gatos callejeros o que fueron abandonados por sus amos tuvo a 33 valientes que asumieron el reto, pero poco a poco la mazorca se fue desgranando y hoy la fundación marcha sobre los hombros de una joven que no claudicó y que se levanta todos los días pensando en cómo sostener a los más de 300 animales, entre perros y gatos, que hoy reciben atención en el albergue.

La protagonista de esta historia es Claudia Liliana Sánchez Bustamante, una mujer de armas tomar que desafía diariamente los obstáculos para que sus hijos, como ella los llama, tengan su alimento, reciban atención veterinaria y puedan pasar sus días de manera digna mientras son entregados en adopción o se quedan en el lugar hasta el fin de sus días.

Hablar con Claudia es hacerlo con una persona que traspira amor por los animales y que sufre por ellos y en especial cuando estos son abandonados por personas indolentes que se llevan a casa un animal y con el menor problema que se registra los abandonan a su suerte.
“Duele mucho cuando uno llega a la sede y se encuentra con una perra que fue dejada abandona con sus crías de manera inmisericorde”, dice la mujer que sin proponérselo se convirtió en una especie de ángel para los “peluditos” de Roldanillo.

Un momento difícil

Hace cuatro años, justo cuando viajaba hacia la sede de la fundación ubicada en la vía que comunica a Roldanillo con Zarzal, un tren cañero le cerró el paso y la arrojó fuera de la misma, cuando despertó estaba en un hospital de Buga.

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“Los médicos y las enfermeras me contaron luego que cuando llegué solo gritaba y preguntaba quién iba a cuidar a mis perros y gatos. Fueron días difíciles, pues la recuperación de las heridas fue lenta pero gracias a Dios todo pasó y sigo al frente del cañón” dice Claudia Liliana, quien diariamente debe buscar los recursos para garantizarle por lo menos dos bultos de alimento para los animales que se albergan de manera transitoria o de los que se quedan allí tras no ser adoptados.

La sinergia entre los animales y Claudia es total. La mujer es el alma y nervio de una fundación que trabaja con las uñas y que debe garantizar bulto y medio de comida diaria para perros y gatos.

Muchas historias

Si este informe se hubiera proyectado para hablar de cada uno de los 320 perros y gatos que están en Coquena, seguramente habrían resultado infinidad de historias porque cada animal que llega a la sede, casi siempre en estado de abandono, está impregnado del dolor que les genera el ser tirados a la calle por quienes decían amarlos.

En ese grupo, la gestora de este proyecto que a punta de ganas y sacrificio se hizo realidad, destaca al “Negrito”, un perro que fue dejado por sus dueños cuando una fiebre de garrapatas lo dejó paralizado. Hoy camina y juega en este lugar que para los caninos y felinos es todo un paraíso.

Justamente al contactarla para esta historia, Claudia Liliana Sánchez estaba en un consultorio veterinario, pues una de sus mascotas presentaba una especie de otitis y tanto él como su protectora pasaron mala noche porque decidió llevárselo para su casa y no dejarlo en la sede con los demás animales.
También recuerda el día en que un enjambre de abejas africanizadas atacó el albergue causándole la muerte a varios animales.

Para contar todas las historias de Coquena habría que escribir un libro, pues luego de ocho años de labores son muchas las vivencias que se tienen y pese a las adversidades, Claudia con el apoyo de su familia no renuncia a mantener vivo este lugar de paso o de permanencia de estos seres vivos llenos de nobleza.
Desde su refugio, donde pasa horas enteras, esta mujer le envía un mensaje a sus paisanos y lectores de EL TABLOIDE: “Antes de comprar una mascota piense que es un ser viviente que necesita cariño y cuidado y como en el juramento nupcial se deben cuidar en la salud y en la enfermedad”.

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