En una casa del barrio Ciudad Jardín en el municipio de Zarzal encontramos la casa donde el mecato está a la orden del día y son pocos los que se pueden resistir a las delicias.

Consuelo Barbosa y su hija Gladis Patiño son consideradas las mecateras más importantes de Zarzal y norte del Valle. De sus manos salen productos como las panelitas de cebo, arequipe y ahora están innovando con productos como los derivados de la arracacha, que según dicen fue la novedad durante la reciente muestra cumplida en Zarzal.

No hay duda que una de las tradiciones más importantes de los pueblos está relacionada con su gastronomía, pues las recetas pasan de generación en generación y difícilmente estas desaparecen, pues siempre habrá alguien que las preserve y mantenga vivas.

Es el caso del municipio nortevallecaucano de Zarzal, donde la elaboración de dulces caseros y con recetas ancestrales tienen en Consuelo Barbosa y su hija Gladis Patiño a dos de sus referentes más importantes.
Madre e hija han logrado preservar las recetas de las abuelas de esta región y siguen ofreciendo todo tipo de productos dulces que se ganan los aplausos y reconocimientos de quienes disfrutan del arequipe, manjar-blanco, panelitas de cebo, dulce de grosella o de higuerilla, este último ya de poca preparación porque la planta que produce la semilla que sirve de insumo está en vía de extinción.

Con más de 80 años encima, Consuelo ve pasar los días en la Tierra de Coclí y recuerda que todo lo que sabe lo heredó de su abuela y su señora madre, quien en alguna ocasión le dijo que aprendiera el arte para que se ayudara en la economía de la familia, pues según lo recuerda en aquella época lo poco que ganaba el jefe del hogar era para el sostenimiento de la casa en lo básico.

“Con la platica que recogía de preparar y vender los dulces pude lograr que mis hijos fueran al colegio convirtiéndolos en buenas personas”, dice esta mujer madre de diez hijos, 11 nietos y dos bisnietos.
A pesar de lo avanazado de su edad y cuando los años ya hacen mella en su cuerpo, Consuelo supervisa el trabajo en la cocina pues como ella misma lo explica cualquier descuido en los detalles puede derivar en un cambio de sabor o de textura del dulce.

Para esta matrona del mecato, quien nació en Roldanillo pero desde hace 65 vive en Zarzal , lo más importante a la hora de entregarle los productos al cliente es la pasión y las ganas que se le ponen a cada preparación.
“Sin eso no hay nada, pues hay que ser dedicados”, afirma la mujer que dice estar tranquila pues ya sus secretos están revelados y las poseedoras son sus hijas Eliza-bet y Gladis Patiño.

Herencia segura

De sus ocho hijos solo dos se dedicaron a mantener viva esta tradición y le han dado vida a una empresa familiar que si bien no genera grandes ganancias sí ayuda a la manuntención del hogar.
“Esto es algo que en mi caso hago con mucho gusto, pues es lo que he aprendido a lo largo de los últimos años de mi vida” dice Gladis, tras destacar el apoyo que por estos días recibe de la gobernación del Valle que se ha enamorado del trabajo que ejecutan las cocineras del departamento.
“La verdad es que nunca antes habíamos recibido el apoyo de la Administración Municipal y mucho menos de la departamental y eso nos tiene muy contentos” afirma.

Uno de los logros más importantes tiene que ver con la inclusión de su empresa en el libro El Fogón Valle-caucano.
“Para nosotras fue muy chévere saber que íbamos a aparecer en esta publicación con la que se reconoció a los hombres y mujeres que se han dedicado a preparar todo tipo de manjares”, precisa Gladis, quien no solo heredó de su madre el amor por la cocina sino también la humildad que transpira y que se siente con solo pisar la casa, la misma que según lo relatan construyeron bajo el modelo de autocons-trucción en el barrio Ciudad Jardín.

Siguen las buenas noticias

Para Gladis Patiño lo más importante está por venir, pues gracias a las puertas que se han abierto, surgen nuevas posibilidades de apoyo como el que se dio recientemente cuando les a-nunciaron la asignación de unos recursos para fortalecer la unidad productiva.
“Mientras tengamos salud y vida seguiremos luchando para mantener viva esta tradición que han sabido sostener tres generaciones y se alista la cuarta, pues ya hay nietas que se encaminan a aprender este oficio”, asegura.

“Cuando vamos a las ferias o a los eventos que nos invitan nos gusta sentir el respaldo de la gente, saber que degustan los dulces que les ofrecemos y eso motiva porque realmente pocos saben de la lucha y el trabajo que se debe desarrollar en procura de ver a la clientela contenta” puntualiza Gla-dis mientras observa con cuidado la manera como su madre le da textura a la mezcla de la que saldrán las ricas panelitas.

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