Su más reciente filme, La caravana de Gardel, acaba de ser reconocida en los Estados Unidos como una de las mejores producciones sobre el Zorzal Criollo. Su nuevo proyecto es la adaptación de la novela Cuando besan las sombras de Germán Espinosa.

“Tuluá sigue siendo todo para mí, el colegio Salesiano San Juan Bosco, la chuleta de Picapiedra y las empanadas de Las Chapetas son parte de mi vida. Por ello vengo habitualmente a mi ciudad y no dejo de emocionarme cuando camino por sus calles y veo su progreso”.

Las palabras llenas de entusiasmo, rayando casi en la excitación, son de Carlos Palau Bonilla, el director de cine que está celebrando los 33 años de rodaje de su película más emblemática, A la salida nos vemos, un filme que se ha convertido con el paso de los años en un ícono para los tulueños, en especial para quienes vivieron la época dorada de los años 60 y 70.

Hijo de Arturo Palau y María Francisca Bonilla, llegó a Tuluá a la edad de cinco años para estudiar su primaria y secundaria en el colegio Salesiano, donde tuvo como compañeros de curso a Álvaro Marmolejo, Jorge Álvarez, Javier Peláez y Jorge Tamayo. En cursos superiores estaban Gustavo Álvarez Gardeazábal y Poncho Rentería entre otros. “A la salida nos vemos es justamente nuestra historia allí, las fiestas a las que asistíamos, la primera novia, nuestra primera experiencia sexual, toda aquella época maravillosa quedó plasmada en ese filme con el que he recorrido el mundo” señala el director con el brillo en los ojos del padre satisfecho por los triunfos del hijo.

Bendición paterna

Relata además que en ese colegio le picó el bicho del cine porque no había semana en que no amenazaran al negro Marmolejo, hijo del dueño del teatro Sarmiento, para que los llevara a la sala. El cine mejicano, directores franceses como François Truffaut y uno que otro italiano le marcaron para siempre el camino del celuloide del que nunca más pudo salir.

Tras dos años de frustración en la Universidad San Buenaventura de Cali, donde quiso ser abogado, llegó el momento de enfrentar a su padre a quien le dijo que quería estudiar cine y se embarcó a Bogotá, donde conoció a un director italiano con quien dio su primer paso cinematográfico con un pequeño papel y la asistencia de dirección.

Con esta experiencia y la promesa del italiano de ayudarle en su carrera cinematográfica, volvió donde su padre quien, sin mucho entusiasmo, le compró el pasaje a Roma, le dio 200 dólares y le echó la bendición. Sería la última vez que lo vería pues falleció seis meses después.
“En Roma el director me recibió bien pero al otro día ya era un encarte para él, así que pronto me vi solo, sin un dólar y empecé a pedir cinco liras para almorzar. Luego vendí por las calles el periódico Macondo que era de un colombiano y así fui sobreviviendo” prosigue el director de cine en su relato.
Su odisea empezó a cambiar en la puerta de un teatro de Roma, donde llegó a vender el periódico, al conocer a una joven directora de teatro que en ese momento montaba la obra Los soldados de Enrique Buenaventura. “Le dije él es mi primo, yo conozco la obra y le puedo ayudar” y así terminó viviendo en el apartamento de la italiana.

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Su travesía siguió luego a Francia a donde pudo llegar gracias a un giro de 600 dólares que le hizo su padre poco antes de su fallecimiento. Con ese dinero llegó a París y de inmediato se matriculó en Le Conser-vatoire Libre du Cinema Française.

De Francia a la India

Con el tiempo ingresó a la televisión francesa, fue asistente de programas de variedades y luego se desempeñó como asistente de dirección de películas para la televisión. Logró además codearse con lo más granado de los pensadores franceses e hizo incluso gran amistad con el poeta español Rafael Alberti.
Tras casi seis años de vida en Francia, retornó a su espíritu nómada, lió bártulos y se fue a Nueva Delhi, en la India, donde viajó en tren por todo el país, rodando una película de tres horas que luego se perdió.
“Regresé a Colombia y un día en Manizales, mientras dormía, soñé largo con mi paso por el colegio Salesiano de Tuluá y allí nació realmente A la salida nos vemos pues, al despertarme, volví a Tuluá y empecé a buscar locaciones para su rodaje” agrega Palau recordando aquella época de angustias iniciales pero de posteriores satisfacciones.

En el interregno del inicio de su ópera prima, el cineasta alcanzó a rodar el corto Lunfardo y luego Corazón de mujer, otro corto basado en una novela de F. Gómez.
Finalmente, tras un viaje a Nueva York, donde escribió las primeras escenas de su película juvenil en Tuluá, regresó para iniciar el casting en 1982 y, luego de superar algunos obstáculos, por fin en 1985, en coproducción con Venezuela, se dio comienzo a la película cuyos protagonistas fueron Alejandro Madriñán y Abril Méndez, una joven actriz venezolana.

Proyecto en ciernes

A los logros y premios de A la Salida nos vemos, le han seguido otros proyectos cinematográficos como Hábitos sucios rodada en el 2003, El sueño del paraíso (2007) y La caravana de Gardel (2015), su más reciente producción que cuenta la travesía que se hace con el cadáver del Zorzal Criollo desde Medellín, donde había sido sepultado, hasta Buenaventura y de allí a Buenos Aires.

Esta cinta fue objeto de un homenaje en Los Ángeles, California, en abril pasado, exactamente en la Asociación Argentina de Los Ángeles, donde se hizo la premier exclusiva, logrando grandes comentarios del público y la prensa californiana por su fotografía, un casting perfecto, una producción envidiable y, ante todo, por su musicalización que devuelve al espectador al tango de los años 30 del siglo pasado.
A su lado, en los últimos 22 años ha estado Ángela Marken, una visionaria mujer que, aparte de ser su esposa, es la productora de sus últimos tres trabajos y quien le pone el polo a tierra cuando a Palau le vuelven los ánimos aventureros.

“Hoy estamos detrás de los derechos de autor de Cuando besan las sombras de Germán Espinosa, es mi obsesión y sé que en dos años podremos verla con la ayuda de las gentes buenas que nos conocen” puntualiza Palau, afirmación que cuenta sin dudarlo con el apoyo irrestricto de su productora, cómplice y esposa.

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