El pasado martes, hacia las ocho de la noche, un amotinamiento de los internos recluidos en los patios 10 y 11 de la Cárcel de mediana seguridad de Tuluá, obedeció a la frenta que mantienen los líderes de las bandas delincuenciales de los sectores de La Cruz y La Inmaculada por el poder y manejo del control de las zonas de expendio de alucinógenos en la ciudad y el poder al interior del penal.

Los internos aprovecharon un apagón en el fluido eléctrico del sector para propiciar la revuelta. En el caos, algunos internos intentaron fugarse del penal, situación que pudo ser controlada gracias a los funcionarios del Inpec y el apoyo inmediato de la Policía del Segundo Distrito.
Así lo indicó el director del penal, capitán retirado Gonzalo Rivera, quien asegura que la situación es compleja por el problema de hacinamiento que se presenta no solo en Tuluá sino en todas las cárceles del país.

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Según el dragoneante, Élkin Cárdenas Valencia, miembro de la junta directiva de la entidad sindical, el intento de fuga de los reclusos, se frustró gracias a que el personal que estaba en su día de descanso regresó de sus casas a reforzar a los guardianes y a la labor de la Policía que acordonó el área.
“Gracias a la Divina Providencia no se presentó una tragedia, porque somos cerca de 90 funcionarios para custodiar 1576 reclusos que han llegado de varias cárceles de todo el país”, enfatizó el dragoneante.

Además, el funcionario indicó que lo sucedido en la noche de este martes es un “campanazo de alerta” porque no cuentan con elementos coercitivos para controlar estos eventos, como son equipos antimotines, gases lacrimógenos ni radios de comunicación.
“Es algo que ya lo habíamos advertido a la dirección nacional del Inpec, a la Procuraduría y a la Defensoría de Pueblo” puntualizó.

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