“…tenemos que invertir en el presente de los niños para que cuando adultos asuman las actitudes correctas…”.

Hace algunos días cuando regresaba a casa en compañía de Juan Diego, mi hijo menor, dejé caer de manera deliberada la envoltura de una banana al piso y él, que todo lo observa, me lanzó una frase que me dejó congelado al manifestarme que en el colegio le habían dicho que debíamos ser buenos con el planeta y que la ciudad no se podía ensuciar.

Aunque lo dijo con la naturalidad de un niño de cuatro años, confieso que no supe qué decirle y luego de recoger el papelillo agradecí mentalmente a las profesoras (ahora lo hago públicamente) de Mis Pequeños Genios por estar formando en Juan Diego a un ciudadano de bien, pues esa enseñanza difícilmente se le olvidará.

Esta escena de mi vida cotidiana me sirve de insumo para manifestar que si de verdad queremos tener una sociedad mejor necesariamente tenemos que invertir en el presente de los niños para poder que cuando adolescentes, jóvenes y luego adultos asuman las actitudes correctas.

Hay que trabajar en una verdadera política pública a favor de los niños, dándole prac-ticidad a los cientos de tratados y normas que ya existen, donde ellos sean el eje central de la discusión, pues uno de los mayores problemas que poseemos hoy es que todo se queda en letra muerta.

En la medida que los niños aprendan que en la sociedad todos somos diferentes, que deben respeto a sus padres y mayores, que su entorno debe permanecer limpio y que tienen derechos a la par de sus deberes, sin duda podremos hablar de una nueva sociedad.

Qué bueno que ahora que las campañas para las alcaldías y gobernaciones empiezan a tomar vuelo, los aspirantes expongan propuestas claras para nuestros niños más allá de las manidas frases de cajón y se proyecte un gobierno que los haga partícipes y se construya desde la base una nueva comunidad donde los valores sean la razón de ser.

PD. Mi hija Salomé no se queda atrás y ya lidera en el San Pedro Claver, junto a otras compañeras, un interesante proyecto ambiental. No es una tarea fácil, pero se vale soñar.

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