“…Mi invitación es a escoger ídolos de verdad, personas que con tesón tienen mucho por enseñar…”.

En la presente semana se hizo visible a nivel nacional la mención de los 25 años de la muerte del tristemente célebre Pablo Escobar Gaviria, y con ello, la aparición de miles de menciones donde se muestra una apología afectiva sobre este funesto personaje que marcó la vida de los colombianos a finales de los ochenta e inicios de los noventa.

Y genera extrañeza que connacionales y extranjeros, en un intento de idealización de una figura macabra, se sientan no solamente con derecho a entronizar al funesto personaje en los altares de la fama, como sí lo mereciera, y de revictimizar a quienes sufrieron por su culpa, sino que a su vez, generan la discusión en torno a si el señor Escobar generó riqueza o eliminó la pobreza en las zonas más deprimidas de Medellín.

Esta bizantina discusión, impulsa el pensamiento a analizar, qué sucede con las personas que sin conocer los desafueros del otrora narcotraficante, se sienten con derecho a reivindicarlo y hasta compadecerlo, mostrándolo como una víctima de un estado que no comprende a los suyos.

La respuesta está en el desconocimiento de la historia, en aceptación y publicación de telenovelas que apologizan de manera equivocada a esas personas y lo que ellos significaban mostrando una verdad no cierta, haciéndolos pasar por héroes y mostrando los resultados de su actuar como benéficos.

En la actualidad el país vive sin memoria, y ese in albis colectivo nos está llevando a idolatrizar a personas no solo que hicieron daño, sino que de manera cierta golpearon la fe de un país donde su gente se caracteriza por la pujanza y el amor por lo que hace, y no por ser desalmados y crueles.

i invitación hoy es a escoger ídolos de verdad, personas que con tesón y sacrificio tienen mucho por enseñar, maestros, educadores, científicos, tecnólogos colombianos que han llevado al país a los más altos sitiales en la historia universal, deben ser nuestros patrones a seguir, esos que con esmero han trasformado comunidades enteras y les han permitido ser los mejores.
No idealicemos al que mata, roba, ultraja, victimiza, por el hecho de tener dinero, eso es efímero, desaparece y se diluye, igual como hace 25 años se diluyó para siempre un hombre llamado Pablo Escobar.

También te puede interesar:   Injusta estratificación
Compartir: