“…el crecimiento de la población y de sus medios de locomoción, no se detienen, nadie cree que se tocará fondo en este sentido…”.

La contaminación ambiental y sus nefastas consecuencias se comprueban cada día y ya estamos viendo de cerca los graves problemas que para la salud tienen los habitantes, especialmente en las grandes ciudades, que, como en el caso de Bogotá y Medellín, padecen los males, que de haberse prevenido con su debido tiempo, no hubiesen ocurrido ahora, poniendo en peligro la vida misma.

Y es que no se atienden los urgentes llamados que hacen, desde hace años, los organismos oficiales y privados que se encargan del cuidado de la fauna y la flora, acerca de la obligatoria necesidad de adelantar todas las actividades que eviten su pronta desaparición de la faz de la tierra. Y es así como el globo terráqueo se calienta, por el efecto invernadero, disminuyen las especies de animales y faunas rápidamente, los ríos se secan y los que aún subsisten, apenas si corren hilos de agua por su cauce; las sequías, cada vez, son más frecuentes y causan mayores daños; las enfermedades ocasionadas por la contaminación, aumentan escandalosamente y sin embargo la gente no se da por enterada y los esfuerzos, aunque pocos y solitarios, de los gobiernos, no son suficientes. Y ahí está el grave problema que se presenta actualmente en Bogotá y Medellín, que viven en situación de alerta, por la alta contaminación del aire, causado por el denso tráfico automotor principalmente y por las fábricas industriales que no tienen mecanismos óptimos para la disminución de la contaminación y vemos con estupefacción a la población con tapabocas, tal como si estuviéramos viviendo en las grandes urbes del mundo, Honk Kong, México, Pekín y y otras ciudades de China.

Y el deshielo en el Antártico, las enormes inundaciones, los gigantes incendios, ya no son de película, sino que son fenómenos reales y concretos que se presentan cada día con mayor frecuencia y gravedad por sus consecuencias para la población aledaña y aún la lejana, tal como sucede entre nosotros, cuando nos sorprende igualmente la variabilidad del clima que en otra época era predecible casi con exactitud, pero que ahora con el cambio brusco de temperaturas, es insospechado y apenas si los especialistas tratan de acertar con la ayuda de los modernos equipos meteorológicos a su alcance.

Por lo tanto, ¿quién nos asegura que en un tiempo a mediano y largo plazo, estos problemas no afectarán a las ciudades intermedias? Es lo más seguro, porque el crecimiento de la población y de sus medios de locomoción, no se detienen, nadie cree que se tocará fondo en este sentido, y no se cumplen con las mínimas advertencias que adelantan los organismos ambientales y entonces vemos que la gente no recicla bien la basura, se arrojan toda clase de desperdicios a los ríos, no se recogen las evacuaciones de las mascotas en calles y antejardines, se lavan los vehículos en las aceras de las residencias, no se ahorra agua y energía, sino que en una carrera maratónica por satisfacer las necesidades creadas por la sociedad de consumo, se va al despeñadero sin remedio. Los gobiernos locales, deben iniciar desde ahora, campañas de advertencia, para prevenir los males que se avecinan en un tiempo no muy lejano.

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