“…se ha sostenido que los cinco primeros años de la vida de un niño lo marcarán para toda la vida y es así que al recibir amor, cariño y afecto, será un adulto feliz que también estará dispuesto a dar lo mismo…”

La comunidad tulueña está sumamente preocupada por la actitud violenta de una inmensa mayoría de personas, que en la noche de la celebración del día de los niños, se tomaron las calles de esta población del centro del Valle del Cauca, abusando de la velocidad y ruido de sus motocicletas y arrojándosen entre sí harina, huevos crudos y elementos que en un momento determinado pudieron causar una tragedia y ante este cuadro ni una sola autoridad pudo contener el estrepitoso accionar de sus vehículos que también ponen en riesgo la vida de quienes en esos momentos están disfrutando de una fiesta que es propia de los niños.

No es nueva, tal actitud violenta, lo que es todavía de mayor gravedad, por cuanto de un tiempo para acá, hemos observado que en toda clase de celebraciones y conmemoraciones, en donde la multitud sale a las calles para dar muestra de su regocijo, siempre aparecen aquellos actores violentos que no saben manifestar sus sentimientos de una forma apacible, sana y pacífica, sino que hacen alarde de sus peligrosas habilidades para llamar la atención de la gente, que mira totalmente inerme su aplastante accionar en contra de la misma comunidad que quiere pasar un rato agradable con sus amigos, parientes y familiares. Pero no es posible, porque la intranquilidad, zozobra y temor se apodera de su estadía en las vías públicas.

Esos muchachos que amenazan la tranquilidad de la población, se parecen a las antiguas ordas salvajes que recorrían las praderas y montañas de otras épocas, arrasando con todo cuanto encontraban a su paso sin contemplación alguna y parece ser que todavía hoy, en pleno siglo 21, quedan demasiados rezagos de esa triste historia universal, ya felizmente superada gracias a la civilización que ha crecido poco a poco, paso a paso, hacia nuevos rumbos de paz,justicia y libertad. Sabemos que el fenómeno se presenta en Cali y otras ciudades intermedias y es muy preocupante que hasta la fecha, no exista la mejor manera de evitarlo, lo cual nos conduce a la necesidad imperiosa de reflexionar sobre la formación y educación que están recibiendo los menores en sus etapas iniciales, desde el hogar, la escuela y el colegio. Pareciera que en aras de respetar los derechos de los niños, les dejan hacer lo que bien les venga en gana en las instituciones educativas, dando ocasión a abusar de los mismos y pasar la frontera que los limita, dejando de lado la importancia primigenia de buscar el bien común, el respeto por la integridad física y el bienestar de todos los asociados.

Es en el seno de la familia en donde se cocina el camino hacia la violencia o hacia la paz, porque el niño es una esponja que recibe lo que ve, lo que sufre, lo que satisface y asimismo lo da en su vida diaria y en la edad adulta. Siempre se ha sostenido que los cinco primeros años de la vida de un niño lo marcarán para toda la vida y es así que al recibir amor, cariño y afecto, será un adulto feliz que también estará dispuesto a dar lo mismo a sus padres, familiares, parientes, amigos y hasta los vecinos. Será una persona útil a la sociedad pero si por el contrario, recibe maltrato, desprecio, insultos, en síntesis, padece violencia, se está gestando un adulto violento y así responderá ante la sociedad. Por lo tanto, urge tomar acciones decididas y certeras en la formación y educación desde la infancia, inclusive desde el seno materno, con el fin de recrear una nueva sociedad, en donde brille el respeto por la integridad y la vida de las personas, no hay otro camino.

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