Como reportero gráfico Julio Díaz cubrió episodios que marcaron historia, y como fotógrafo social dejó huella en la Villa de Céspedes.

Su cámara fotográfica fue su eterna compañera, tanto que hoy todavía la mantiene a la mano para dispararla cuando cree que hay algo que se debe conservar para la posteridad.

Que la historia la escriben los vencedores como dijo Churchill no hay duda alguna pero que la historia de la fotografía social y periodística de Tuluá reposa principalmente en los hombros de Julio Díaz, es una verdad inobjetable. En él se aplica esa frase del político británico, pues supo mantenerse vigente por más de 60 años.
Hoy, casi retirado de la profesión que le dio nombre y lo necesario para sacar adelante a su familia, vive tranquilo junto a su eterna compañera y madre de sus tres hijos, Ipatria Rosas.
Tan tulueño como El Picacho, Julio César Díaz Lozano nació en el barrio Céspedes el 30 de octubre de 1929, allí creció junto a sus nueve hermanos, entre ellos Rodrigo, el hermano mayor, quien fue finalmente el culpable de que Julio se iniciara en la fotografía.
“Rodrigo había montado un laboratorio y como no tenía ayudante, me llevó para que trabajara en la preparación de los químicos y me inicié haciendo revelado y copiado de las fotografías que él tomaba”, señala el fotógrafo, quizás el más recordado por miles de tulueños que pasaron por su lente.
Confiesa que no fue buen estudiante y solo hizo hasta primero de bachillerato en el Gimnasio del Pacífico, cuando este quedaba en las instalaciones actuales del Palacio de Justicia.

JULIO CÉSAR DÍAZ LOZANO

Reportero gráfico
Con el avance de los días y el crecimiento profesional, Julio Díaz empezó a ser conocido en la ciudad y, por ende, solicitado por algunos medios locales, entre ellos el periódico La Esfera que apenas empezaba a despuntar de la mano del arquitecto Carlos Alberto Potes Roldán.
Poco después su ascenso profesional fue tomando vuelos más amplios y de La Esfera saltó a El Relator de Cali. Más adelante también pasó por El Pueblo, El País y El Caleño, siempre como corresponsal gráfico desde Tuluá.
“En esa época no éramos muchos los fotógrafos, al menos los que hacíamos reportería; los había de reu-niones sociales pero para prensa no había muchos” recuerda en su casa del barrio Nuevo Fátima.
Con una claridad mental que envidiarían los jóvenes de hoy, Julio Díaz recuerda con patente claridad su paso por el único cargo público que ocupó en su vida, el de fotógrafo en la Registraduría Municipal.
“Durante nueve años me tocó viajar a todos los municipios del centro del Valle así como a Barragán y Santa Lucía para tomar las fotos para el cambio de cédula de papel a la laminada” señala el fotógrafo.

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Julio “el valiente”
Transcurrido ese paso por la función pública que le dejó como recuerdo el frío aterrador que se sentía en Barragán y Santa Lucía, volvió a las lides periodísticas.
Por esos días, José W. Espejo, con quien ya había trabajado haciendo reportería para los medios de Cali, funda el semanario EL TABLOIDE y decide llamarlo para que le maneje todo el proceso fotográfico del nuevo informativo.
Fue allí donde se ganó el apelativo por el que, en lo sucesivo, lo conocerían muchos: Julio el Valiente, nombre que le puso Ciro González tras un episodio que todavía algunos recuerdan.
“Yo caminaba por la calle Sarmiento con carrera 26 cuando de repente escuché disparos, me asomé a la esquina y vi varios hombres que salían a la carrera del Banco Bogotá. Acababan de hacer un atraco” rememora sin ningún esfuerzo Julio Díaz.
Sin pensarlo dos veces, sacó su cámara y empezó a obturarla tan rápido como pudo, logrando unas impresionantes imágenes que, el sábado siguiente, fueron publicadas en varias páginas de EL TABLOIDE.
“No sentí miedo, solo pensé en hacer las fotografías. Hasta llegué antes que la policía y eso me valió el nombre de El Valiente” agrega.
Por esta hazaña y en general por su vida reporteril, fueron muchos los premios y reconocimientos que recibió en su vida, los que hacen parte hoy de sus recuerdos, los que comparte con Ipatria y su hija Amparo, con quienes vive.
Hasta hace algunos días estuvo padeciendo de una artrosis que lo retuvo algunos días en su casa pero ya, plenamente recuperado, es frecuente verlo, todas las mañanas, caminando alrededor del parque de Nuevo Fátima para mantenerse en forma.
Terminando la entrevista, deja ver su alegría porque, si Dios lo permite, a comienzos del año próximo irá a España para visitar a sus nietos y bisnietos. Mientras tanto, se distrae tomándole fotos a cuanto evento vive desde su casa a través de la televisión. “Esto es algo que nunca se olvida” puntualiza Julio el Valiente señalando una cámara Canon digital que mantiene siempre a a la mano.

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