“…se presenta ahora como restaurador de la Colombia honorable que contribuyó a destruir…”.

Se inicia un año muy importante para los destinos del país, ya que en el mismo los colombianos elegiremos a quienes nos gobernarán por los cuatro años siguientes desde la presidencia y el congreso. Y no será una elección cualquiera dadas las circunstancias que entronizaron y pusieron a marchar una corrupción generalizada en los tres poderes ejes del Estado Social de Derecho, el judicial, el legislativo y el ejecutivo. Los escándalos de corrupción que enredan a importantes dirigentes políticos, económicos, judiciales y deportivos del país, tienen hastiado al país real y contra las cuerdas a la mayoría de los partidos políticos. Si a este, ya de por si preocupante panorama, le sumamos un presidente debilitado por lo que fue su mayor logro, el proceso de paz con la Farc, y sin mucha capacidad de maniobra política para defender lo pactado, el fututo no parece ser muy promisorio, más si tenemos en cuenta el avance electoral de dos fuerzas enemigas de los acuerdos como son el Centro Democrático y Cambio Radical.

Curiosamente cada una de estas colectividades son las que tienen a una buena parte de sus dirigentes señalados como protagonistas de peso en la corrupción que desangra al país. Por el lado de Cambio Radical, su afinidad con 41 parlamentarios acusados de parapolítica, 19 de ellos condenados, y con personajes como Kiko Gómez, condenado a 40 años por homicidio, o con Oneida Pinto, en la Guajira, una de sus tres ex gobernadores destituidos, dieron pie a que la senadora Claudia López definiera este partido, como “una asociación para delinquir con personería jurídica”. Y por el otro en el Centro Democrático se agrupan todos los incondicionales de su gran jefe, el senador Álvaro Uribe, la mayoría investigados por la Fiscalía General de la Nación o condenados por la Corte Suprema de Justicia.

Pero el senador Uribe, al igual que el recién indultado Alberto Fujimori, condenado en el 2007 a 25 años de cárcel por ordenar secuestros, matanzas y dirigir desde el Estado una red de corrupción muy similar a la que usufructúa Uribe Vélez, desde su entronización al poder, primero como gobernador de Antioquia y luego como presidente, se presenta ahora como el adalid de la moral y restaurador de la Colombia honorable que desde su alianza con narcotraficantes y paramilitares contribuyó a destruir. Por ello espero que este 2018 los colombianos enfrentemos esta lacra, construida desde las modalidades y ejecuciones de la mafia internacional, con un espíritu crítico y con el convencimiento de que nos merecemos un mejor país libre de odio y de falsos profetas.

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