“…Estos días de fiestas decembrinas, ojalá sirvan para que repensemos en un nuevo país en donde de verdad, podamos vivir en paz…”

Nunca antes se había presentado ante los colombianos una mejor oportunidad para celebrar la Navidad, que este año, cuando se ha cerrado un conflicto que hizo correr ríos de sangre y llanto a miles de familias en el territorio patrio y cuyo objetivo fundamental es vivir en paz.

Si bien es cierto que se atraviesa ahora por una etapa bastante difícil, también lo es que no se pueden quedar en el sepulcro los anhelos de la mayoría de la gente que aspira a celebrar la gran noche de Paz, tal como es costumbre arraigada en todos los países del mundo católico y que nosotros hemos heredado de nuestros mayores, lo cual permite vivir un tiempo en donde el reencuentro con familiares, amigos y parientes, es un acontecimiento que marca la existencia misma de los asociados y consolida la convivencia pacífica de los pueblos que tienen en común cientos de afinidades que apuntan hacia la paz.
Hemos visto con cuidado los acontecimientos de los últimos días, especialmente lo sucedido en el Congreso de la República, en donde, se supone, estamos representados todos los colombianos y un sentimiento profundo de tristeza nos envuelve, cuando según los entendidos, sus integrantes no quieren aprobar una reforma estructural a esta rama del poder público, ya que de llevarse a cabo, disminuirían notablemente sus privilegios y ponen en riesgo de perder sus curules, casi la mayoría de sus integrantes. A veces, creemos que nos hemos equivocado, cuando elegimos con el mejor de los propósitos a los honorables congresistas, pero en sus enfrentamientos cotidianos, demuestran que la paz entre los colombianos está aún lejos de consolidarse.

El pueblo mira con sumo cuidado al principal referente que tienen y es nada más y nada menos, que la crema y nata de la política nacional, en donde se define la estabilidad del sistema democrático, pero quedan defraudados cuando escuchan esas discusiones sin contenido profundo de las ideas, sino que se enfrascan en pleitos lastimeros que parecen más bien, peleas callejeras con inútiles resultados que demeritan en gran manera la posición que ocupan y el mandato constitucional derivado del voto popular.

Nosotros desde la provincia, esperamos y deseamos que la representación que hemos delegado a los congresistas tome un rumbo diferente en donde realmente se cumplan los objetivos elementales en el cumplimiento de los deberes para los cuales han sido elegidos y no perdemos esa esperanza porque somos optimistas como lo es el pueblo que los ha elegido con la mejor buena voluntad. Estos días de fiestas decembrinas, en donde todos quieren un poco de alegría sana y jolgorio compartido, ojalá sirvan para que repensemos en un nuevo país en donde de verdad, podamos vivir en paz y trabajar juntos por un desarrollo armónico y sostenible y nunca jamás regresemos a esos tiempos oscuros de la violencia bipartidista ni la subversiva, cuando los hoy pacíficos guerrilleros, querían tomarse el poder por la fuerza. Estamos en una etapa dura del posconflicto y parece ser que en todos los procesos de paz en el mundo, es así, ya que siempre habrá fuerzas oscuras que se contraponen a la paz porque tienen intereses económicos en la venta y compra de armas que es una industria que no desaparecerá nunca y es allí en donde se requiere la presencia activa de los colombianos para demostrar que, como se dice en el argot popular, “son más los buenos que los malos” y abrir caminos de solidaridad y convivencia pacífica, para que las futuras generaciones no vivan en la intranquilidad y zozobra que padecimos en los últimos cincuenta años.

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