Su función social, muchas veces poco reconocida, sigue adelante a pesar de las dificultades.

La labor solidaria y altruista de las Damas Rosadas está centrada en la ayuda y el acompañamiento a quienes, desde los centros hospitalarios, requieren de su presencia.

Sin más recursos que los que la gente de bien pueda darles, aunados a los propios y de sus familias, pero con una inmensa vocación de servicio, las Damas Rosadas de Tuluá afrontan con firmeza pero mucho entusiasmo el trabajo social que se han impuesto en Tuluá desde hace 56 años.

Las dificultades propias de un sistema que cada día se vuelve más relativizado, en donde el servicio al necesitado parece que quisiera desaparecer, no han sido obstáculo para que una docena de mujeres, sin otro aliciente que la ayuda al desprotegido, prosigan sus actividades.

La Asociación Colombiana de Voluntariado Hospitalario y de Salud, nombre técnico de las Damas Rosadas, llegó al país, específicamente a Cali, desde Estados Unidos hace algo más de 60 años y poco después se creó el primer grupo de voluntarias en Tuluá.

Su función misional está centrada en la ayuda a los pacientes de clínicas y hospitales, en especial con acompañamiento pero también con ayudas materiales como vestuario, alimentación y medicamentos cuando son necesarios.
“De acuerdo con los registros históricos, el primer grupo de Damas Rosadas en Tuluá fue creado el 17 de febrero de 1961, en el interior del hospital Tomás Uribe Uribe” señala Diana María Betancourt Castaño, presidenta del voluntariado que actualmente presta sus servicios en la Clínica Mariángel.
El grupo inició con alrededor de 20 voluntarias, siguiendo los postulados filosóficos de la institución internacional, acoplándolos al sistema local, en momentos en que la ciudad solo contaba con el hospital Tomás Uribe Uribe.

Desde su fundación, la institución de servicio social ha dedicado su tiempo a la entrega de donativos a aquellos pacientes hospitalarios que necesitan de una mano amiga, la que siempre encuentran en las Damas Rosadas.

Paso por el Rubén Cruz

Entre sus fundadoras se encuentra Julieta de López a quien le ha tocado capotear los obstáculos y restricciones que las instituciones de salud han puesto a su paso.
Muchos años después, el 23 de agosto de 2005, el equipo que trabajaba en el Tomás Uribe se dividió y se creó el grupo que puso a prestar sus servicios en el hospital municipal Rubén Cruz Vélez.
“Nuestro trabajo en esa institución fue muy eficaz y logramos el objetivo de brindar acompañamiento a los enfermos que lo necesitaron, siempre con el apoyo de las enfermeras y las trabajadoras sociales” sostiene Celina de Moreno, otra de las voluntarias que sigue estoica prestando servicio social.
Entre las diversas tareas que cumplieron en la institución municipal, las Damas Rosadas cuentan con orgullo, aparte del acompañamiento de múltiples pacientes, la entrega de mercados, brigadas de salud, entrega de medicamentos y hasta pañales para los niños de madres sin ningún recurso económico.
Del Rubén Cruz Vélez debieron salir a mediados de este año cuando la dirección del hospital les comunicó que el espacio que ocupaban debía ser desalojado puesto que allí se haría la ampliación de la Oficina de Atención a Víctimas del Conflicto Armado.

Presencia en Mundo Nuevo

Sin que se nos tuviera en cuenta nuestro servicio de apoyo y acompañamiento a los pacientes, debimos salir con nuestras cosas de allí y nos fuimos a la clínica Mariángel donde estamos tratando de continuar con nuestra misión aunque las condiciones no son las mismas” sostiene la señora Betancourt.
Con esfuerzo, las Damas Rosadas actuales tratan de seguir adelante promoviendo el ropero y pidiendo donaciones de familiares y amigos, únicas fuentes de financiación con que cuentan para las ayudas a los pacientes, muchos de ellos ancianos que son llevados a las casas de salud y prácticamente abandonados allí.
Su próxima actividad de donación la harán con los niños y adolescentes de la Casa de Protección al Menor Mundo Nuevo, a quienes les llevarán 95 refrigerios y 80 regalos de Navidad, jornada programada para el 13 de diciembre próximo.
Las dificultades permanecerán latentes pero el trabajo debe seguir y son muchas las personas, en clínicas y hospitales, que necesitan de las Damas Rosadas cuya capacidad de servicio nunca acabará.
En esa misión están inmersas las 12 mujeres que hoy hacen parte de la institución, cuya junta directiva, además de la señora Betancourt, está conformada por María Fernanda Hoyos como vicepresidente, María Teresa López como tesorera y Susana Mejía como secretaria.

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