.Afectados del Valle del Cauca se reunieron en la Plaza Cívica Boyacá. En total 255 personas se encuentran registradas en Tuluá como víctimas de violencia sexual.

La casa del barrio Victoria donde habitaban las hermanas Navarrete estaba en completo abandono y casi en ruinas. Las dos adultas mayores solo podrán volver al lugar si se les contrata un cuidador permanente.

La violencia sexual, que pareciera exclusiva de algunas zonas de mayor conflicto, no ha sido ajena a Tuluá que hoy presenta altas cifras de hombres y mujeres violentados por los actores armados que han trasegado por sus predios. De acuerdo con las estadísticas que posee la Mesa Municipal de Víctimas de Violencia Sexual en el marco del Conflicto Armado, en Tuluá se tienen registros de 255 personas violentadas, 183 mujeres y 72 hombres, gran parte de estos pertenecientes a la comunidad Lgtbi.

Las cifras fueron resaltadas ayer durante la conmemoración del Día Nacional por la Dignidad de las Víctimas de Violencia Sexual que tuvo como escenario central la Plaza Cívica Boyacá, evento que contó con la asistencia de gran parte de quienes han sufrido el vejamen.

“Durante el conflicto, el cuerpo de las mujeres fue en muchos casos territorio mismo de la guerra. Fueron daños enormes causados a personas que tuvieron que seguir con sus vidas por sus familias” señala Fabiola Perdomo Estrada, directora en el Valle de la Unidad de Víctimas.

Dato: Tuluá es una de las ciudades con mayor número de víctimas de este flagelo.

Adelaida Malagón, en nombre de la Asociación Fortaleza Unida Campesina, y Diana Marcela Solís, miembro de la Fundación Afro Unidos del Pacífico, hacen parte de la Mesa Municipal de Víctimas desde donde se viene trabajando intensamente para lograr la reparación de quienes han sufrido la violencia sexual en el territorio municipal.

“Uno de los propósitos que tenemos con el gobierno departamental es el inicio, el 5 de junio próximo, del programa Fénix que le proporcionará asistencia médica integral y prioritaria en el hospital departamental Tomás Uribe Uribe a las víctimas de la violencia sexual por el conflicto a las mujeres de Tuluá” señaló Adelaida Malagón.La violencia sexual, que pareciera exclusiva de algunas zonas de mayor conflicto, no ha sido ajena a Tuluá que hoy presenta altas cifras de hombres y mujeres violentados por los actores armados que han trasegado por sus predios.

De acuerdo con las estadísticas que posee la Mesa Municipal de Víctimas de Violencia Sexual en el marco del Conflicto Armado, en Tuluá se tienen registros de 255 personas violentadas, 183 mujeres y 72 hombres, gran parte de estos pertenecientes a la comunidad Lgtbi.

Las cifras fueron resaltadas ayer durante la conmemoración del Día Nacional por la Dignidad de las Víctimas de Violencia Sexual que tuvo como escenario central la Plaza Cívica Boyacá, evento que contó con la asistencia de gran parte de quienes han sufrido el vejamen.

“Durante el conflicto, el cuerpo de las mujeres fue en muchos casos territorio mismo de la guerra. Fueron daños enormes causados a personas que tuvieron que seguir con sus vidas por sus familias” señala Fabiola Perdomo Estrada, directora en el Valle de la Unidad de Víctimas.

Adelaida Malagón, en nombre de la Asociación Fortaleza Unida Campesina, y Diana Marcela Solís, miembro de la Fundación Afro Unidos del Pacífico, hacen parte de la Mesa Municipal de Víctimas desde donde se viene trabajando intensamente para lograr la reparación de quienes han sufrido la violencia sexual en el territorio municipal.

“Uno de los propósitos que tenemos con el gobierno departamental es el inicio, el 5 de junio próximo, del programa Fénix que le proporcionará asistencia médica integral y prioritaria en el hospital departamental Tomás Uribe Uribe a las víctimas de la violencia sexual por el conflicto a las mujeres de Tuluá” señaló Adelaida Malagón.

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Desgarrador testimonio

“Mi esposo, mis dos hijos y yo llegamos a un pueblo del centro del Valle para instalarnos y ver crecer a nuestra familia, con la ilusión además de nuestro tercer hijo que venía en camino pero una noche este sueño se frustró”.

Así comienza su relato María Rosario* con la mirada perdida ante la evocación de aquel diciembre de 2001 cuando dos guerrilleros se ensañaron sin compasión con su cuerpo.

“Al llegar no sabíamos pero luego nos dijeron que el pueblo era zona roja y por ello muy pronto la guerrilla empezó a pedirnos mercados y dinero, lo que redujo nuestras ganancias que eran buenas pues nuestro negocio de miscelánea era próspero” agrega mientras los ojos empiezan a inundársele como fruto del amargo recuerdo.

Su relato se detiene por momentos como tratando de borrar los instantes más dolorosos pero toma fuerzas y prosigue. “Yo estaba sola pues mi esposo se había ido con los niños para evitar que lo mataran como ya se lo habían anunciado”.

Recuerda que fueron dos los autores de la agresión contra su cuerpo, quienes luego de aquellos largos minutos de satisfacer sus instintos salvajes, salieron de su casa.

“Herida física y moralmente, como pude me arrastré y salí de la casa por la parte de atrás, caminé toda la noche hasta que llegué a una carretera, me auxiliaron y como pude me fui al sitio donde sabía que estaba mi esposo. Obviamente perdimos todo pues jamás volvimos a ese lugar” puntualiza María Rosario el testimonio que cuenta como una forma de exorcizar sus angustias.

Hoy está en Tuluá tratando de reconstruir su vida al lado de su esposo, sus dos hijos y recordando aún a aquella criatura que pudo ser su tercer hijo pero que perdió dos meses después. Se decidió a contar su historia como un llamado a las demás víctimas para que salgan del silencio que amarga la vida.
* Nombre cambiado

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