“…aceptar que no es nada raro, lo que sucede en la sociedad actual, en donde cada uno, escoge su modus vivendi…”.

Dos hechos recientes que han sido rechazados por el común de la gente, aunque no la mayoría, reflejan con entera certeza, la urgente necesidad de una seria y profunda toma de conciencia sobre la importancia de respetar a las personas que piensan y actúan de modo diferente siempre y cuando se limiten a ejercer un comportamiento que no altere la convivencia pacífica de la comunidad en general, a lo cual se aspira desde tiempos inmemoriales. Hemos visto con no poca sorpresa, los acontecimientos que produjeron una actitud negativa hacia los desmovilizados de la guerrilla más antigua entre nosotros, una vez ,y gracias a los acuerdos firmados con el gobierno, sus integrantes empezaron a participar en la actividad política como cualquier otro ciudadano colombiano en esta jornada electoral.

La semana que pasó, un segundo acontecimiento trajo como resultado el rechazo de algunos padres de familia que percibieron como un peligro para sus hijos que recibieran clases de una persona transgénero en una institución educativa de Tuluá, considerando supuestamente que sería un mal ejemplo para el futuro comportamiento de los infantes en materia de la formación sexual que necesariamente podría ser referente a seguir considerando su opción de vida como algo cotidiano y normal. Es aquí en donde se debe hilar muy despacio si tenemos en cuenta y somos conscientes de que la sexualidad fue por muchísimos años atrás un tabú para la inmensa mayoría de los nacionales y a duras penas actualmente se está hablando con mayor libertad y responsabilidad sobre el tema entre padres e hijos así como en escuelas y colegios y en los medios profesionales.

Existen dos cosas fundamentales en las que se debe insistir en forma permanente: una, la necesidad de la educación sexual desde el seno familiar, establecer la debida confianza entre padres e hijos para dialogar abierta y serenamente sobre el tema, sin tapujos, pero al mismo tiempo con la seriedad y responsabilidad que exige, puesto que muchas veces se toca el tema, con cierta volatilidad y suspicacia, propia de nuestro medio ambiente, sin profundizar y reflexionar acerca de las consecuencias nefastas de permanecer en la ignorancia.

Y en segundo lugar, insistir en priorizar el respeto por la diferencia, tomar conciencia que los seres humanos somos diferentes, no pensamos igual, tenemos comportamientos distintos y por sobre todo, aceptar que no es nada raro, lo que sucede en la sociedad actual, en donde cada uno bajo su propia responsabilidad, escoge su modus vivendi, entre ellos quienes están amparados bajo el nombre de comunidad LGTBI y no pueden ser rechazados ni mucho menos ignorados ni maltratados por algún pretexto. Estamos seguros que si desde el seno familiar, los padres imparten una sólida formación sexual, nada hay que temer sobre el futuro comportamiento de sus hijos.

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