“…una cosa es hacer carteles y arengas de rechazo y otra “hijueputiar y dar muestras de cariño…”.

Mientras lee esto estará o habrá pasado por Tuluá haciendo campaña Rodrigo Londoño, previos registros de protestas y acciones violentas contra él y su comitiva en otras ciudades que creo se repetirán hoy al tenor de un vulgar mensaje en redes sociales que dice: “Se le informa a la población estar pendiente para acudir a abuchear, hijueputiar o dar muestras de cariño hacia TIMO”. Y es natural la indignación de parte de sus muchas víctimas que sufrieron sus actos terroristas, como es incomprensible que muchos más mensajeros del odio por ignorancia o por convicción dañina proclive a la guerra azucen las protestas que degeneran en vías de hecho.

Porque una cosa es hacer carteles y arengas de rechazo como se ha hecho contra Uribe en sus campañas, y otra “hijueputiar y dar muestras de cariño”, que así como vamos se terminará viendo asesinado a Timo, para alegría de los enemigos de la paz, y se volverá a iniciar otro medio siglo de conflicto armado para tristeza del pueblo colombiano. La paz que se materializó en el silenciamiento obediente y consecuente de los fusiles de las antiguas FARC-EP ha evitado cientos de muertos, y la contrapartida no podía ser otra que dejarlos participar en el juego político (en ninguna parte del mundo un grupo armado ilegal ha negociado para irse al otro día a la cárcel). No entender esta lógica es negarse a reconocer una realidad menos dolorosa con el Acuerdo.

En la democracia hay que dejar participar a todos siempre que cumplan las reglas del juego, y la FARC se ganó su derecho a participar negociando con el Estado y respetando hasta ahora esas reglas, por mucho que a otros no guste. Vale recordar a Voltaire cuando dijo: “No comparto tu opinión, pero daría mi vida por defender tu derecho a expresarla”

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