“…ese tiempo esquivo que se evapora se ha empezado a redireccionar con proyectos como el teletrabajo…”.

El tiempo se ha salido de sus goznes se lee en algunos escritos para indicar con ello la imposibilidad de mantener la concepción tradicional del vocablo tiempo. En su sentido literal, un gozne indica un punto de rotación de una puerta o de una ventana para mantener a cualquiera de las dos ancladas sobre su propio eje. Así las cosas, el concepto de tiempo como se lo ha entendido a lo largo de la historia, especialmente en organizaciones que contratan personal para laborar en jornadas rígidas, que cubren la mañana y la tarde, es decir, casi el día entero, parece empezar a debilitarse por diversas razones.

Un ejemplo, en las grandes ciudades muchos trabajadores pasan varias horas en un sistema de transporte para llegar a su sitio de trabajo y luego regresar a sus hogares. Ese tiempo se difumina y reduce las franjas de contacto de un empleado con su familia. Es decir, ese tiempo esquivo que se evapora a lo largo del color grisáceo de calles y avenidas, esos largos momentos que restan tiempo para dedicar a la familia y a la exploración de intereses y habilidades, que sin duda potencian el autodesarrollo, se ha empezado a redireccionar con proyectos como el teletrabajo. En efecto, éste permite a los empleados realizar trabajo en sus hogares, cambiando de este modo la noción de jornada rígida por la de desarrollo de tareas y proyectos, que bien se pueden monitorear y asesorar por medio de los nuevos sistemas de comunicación.

Es decir, con el teletrabajo se da inicio a una nueva era, que a mi juicio abre nuevos horizontes, en la medida en que permite a los trabajadores, programar sus propias actividades. Dicho de otro modo, el teletrabajo brinda la oportunidad de cumplir con compromisos laborales y dedicar más tiempo a la familia y al autodesarrollo, noción antes indicada, la misma que potencia las diferentes aristas que estructuran al ser humano, esto es, su mente y su cuerpo pero también su parte afectiva, cultural, social e incluso espiritual, dimensiones que confieren complejidad al ser humano.

Deleuze sostiene que no existen las líneas rectas ni en la vida ni en el lenguaje. Se podría agregar que dichos trazos tampoco deben regir de manera taxativa el trabajo. De allí que nuevos sistemas, como el que se abordó líneas atrás, le permiten al individuo trabajar, pero a la vez desarrollar su parte afectiva y atender las necesidades e intereses que debe explorar con sus familiares y amigos.

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