“… cómo llegar a un estudiante que ni amor propio siente, es una gran tarea del profesor contemporáneo…”.

Se vivió ayer en la Institución Educativa Técnica Occidente, donde laboro como coordinador, una gran jornada en busca de talentos de la música, especialmente en lo que tiene que ver con la interpretación de canciones. No es fácil promover este tipo de actividades dentro de la cultura académica propia de las instituciones. Sin embargo, es algo que oxigena el año lectivo acercando al estudiante a la esencia en el manejo de escenarios y a despertar en ellos la pasión por el arte musical, esto siendo claro los que tienen la vena y talento para ello.

Considero que este tipo de espacios fortalece la academia, acerca al padre de familia a las instituciones y promueve momentos que los niños y jóvenes disfrutan en sana convivencia y competencia en un entorno que se puede tomar como referente para mitigar otra clase de experiencias juveniles como el consumo de drogas, la delincuencia, el bullying o la depresión juvenil. Como educadores debemos estar prestos a dinamizar el proceso de enseñanza aprendizaje tratando de abordar las expectativas de los adolescentes en el sentido de capitalizarlo y que el estudiante se apropie del rol académico que a diario vive.

Esto puede sonar fácil de aplicar. Sin embargo, en el día a día quienes nos dedicamos de profesión y de vocación al noble ejercicio de la educación nos damos cuenta que podemos llegar a caer en sofismas y cortinas de humo ya que los niños y jóvenes regularmente pasan por un sinnúmero de necesidades que están por fuera de nuestro alcance. Padres alejados del sistema escolar, desintegración de la familia, menores que a la par del estudio trabajan para el sustento económico, niños que sufren el maltrato de sus padres entre otros fenómenos sociales afectan el proceso lo que conlleva a un entorno difícil para la atención total del alumno en el campo de aprendizaje.

No obstante, la educación se llega a convertir en la tabla de salvación de quienes lleguen a vivir este tipo de conflictos y allí es donde como docentes debemos estar prestos a identificar la vulnerabilidad del menor y mitigar con las estrategias los efectos de su difícil entorno. El cómo llegar a un estudiante que ni amor propio siente, es una gran tarea del profesor contemporáneo y ante esa tarea no debemos desfallecer. Al contrario se convierte en el aliciente para desempeñar con amor, ahínco y emoción el papel profesional que la carrera docente implícitamente significa. Por lo pronto, fomentar el talento estudiantil es un mecanismo que coadyuva a la integralidad en la enseñanza.

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