La unica misión de este grupo de trabajo es llevar momentos de esparcimiento a niños, jóvenes, madres, padres y a todo conglomerado social que requiera un poco de atención.

Es poco común en Colombia encontrar a personas que decidan de manera desinteresada emprender causas sociales a favor de los menos favorecidos que viven en situaciones de vulnerabilidad en los centros poblados o sectores alejados.  En Roldanillo, la tierra de Rayo y Villafañe, El Ta-bloide encontró uno de esos ejemplos. Se llaman Piecitos Alegres y está conformado por hombres y mujeres de diferentes edades que desde hace más de un lustro recorren los diferentes sectores de esta población llevando un mensaje de integración a sus coterráneos.

La idea de servirle a la comunidad surgió en la cabeza de Ilbanober Sepúlveda Zuluaga, zapatero de profesión y quien tras la ola invernal del 2011 decidió irse un día a repartir calzado entre las personas que lo habían perdido todo.

“Ese día, al ver la cara de la gente y en especial de los niños, comprendí que estamos en este mundo para servir a los demás y ahí nació “Piecitos Alegres” un grupo de amigos que nos unimos para llevar momentos alegres a quienes lo necesitan y que en ocasiones no es nada material pues un abrazo y una sonrisa es suficiente” comenta con emoción este roldanillense.
Durante los siete años que llevan de trabajo han realizado sesenta eventos que van desde la celebración del día de la madre, el padre, entrega de alimentos calientes para los abuelos y las fiestas de navidad con la que han llegado a las partes más alejadas de esta población del norte del Valle.

Los niños son los mayores beneficiarios de los programas que ofrece Piecitos Alegres. El grupo tiene en promedio 20 integrantes que trabajan de manera altruista para el éxito de los eventos

Para funcionar no cuentan con ningún apoyo estatal y solo se hace de la mano de las gentes generosas de la Tierra del Alma que reconocen la tarea que hace la organización y que no obedece a ningún interés pólitico o credo religioso.
“El mejor premio que recibimos es la sonrisa de las personas que se benefician con nuestras actividades y esperamos en el 2018 seguir llegando a quienes requieran una voz y una mano amiga” afirma Sepúlveda Zuluaga.
Con algo de tristeza comenta que debido a los sobrecostos en los servicios públicos debió suspender el comedor comunitario en el que atendía a los adultos mayores pero confía que con la voluntad de Dios se pueda retomar porque son muchos los abuelos que necesitan la mano amiga y solidaria.

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