Lo que viven las personas residentes en la vereda de Guadualejo es un drama humanitario de grandes proporciones. La comunidad no descarta acudir a las vías de hecho para presionar una solución a la problemática que afrontan.

No es una exageración decir que al caminar por los senderos de la vereda Guadualejo da la sensación de estar en una zona desértica, donde la brecha que alguna vez fue una quebrada es camino rocoso y algunas reses que “pastan” en el sector tratan de sacar nutrientes de una tierra seca y ardiente.

No se habla en esta nota de algún poblado en la lejana Guajira, sino de una vereda ubicada a cinco minutos del corre-gimiento de Chancos, un rincón de San Pedro que parece haberse detenido en el tiempo y que desde hace seis décadas claman que les calmen la sed.

Los habitantes de este sector, gente humilde y trabajadora, no conocen la mano del Estado local y mucho menos el regional ni nacional, pues los administradores sin que haya una sola excepción han sido indolentes a tal punto que hoy le llevan agua en un carrotanque, pero con la advertencia que no la pueden consumir, pues la cisterna está oxidada y no es apto el líquido para el consumo humano.

En medio del calor sofocante, Liliana Páez, líder de esa zona expresa con dolor, como el abandono es evidente por parte de la alcaldía local y asegura que aunque sus vecinos de Chancos, tienen acueducto, no son solidarios pues según ellos no les alcanza para compartirla.
“Por acá solo llegan los políticos en elecciones, ahí sí somos necesarios y después nos tiran al olvido” dice Páez tras añadir que de su corregimiento son oriundos dos concejales, quienes parecen no enterarse de su padecimiento.

Para esta líder y demás líderes resulta inaudito que después de sesenta años se siga hablando del mismo tema y que ninguna autoridad se interese en buscarle una solución a un drama que raya en lo humanitario, pues hay niños, adultos mayores y personas enfermas que deben esperar a que llueva para ver si la quebrada les tira un poco de agua.

“Acá hay una escuela que por estos días está cerrada, pero cuando hay clases, los niños deben correr a sus casas o pegar para el monte para hacer sus necesidades, pues allí tampoco hay agua” asegura otra habitante de Guadualejo o “guaduaseco” como ellos mismos lo llaman.

Este martes 4 de septiembre una comisión de la alcaldía, la comunidad y al parecer de Acuavalle y la Personería Municipal se reunirá con la comunidad para escucharlos una vez más.
“Esperamos que en esta nueva oportunidad se comprometan con algo serio y cumplan, pues promesas hemos escuchado muchas y la verdad nos resulta difícil creer” precisa Liliana Páez llevando la vocería de sus vecinos.

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