La fiesta del milagroso se celebra el catorce de cada mes y la fiesta principal es en septiembre cuando llegan católicos procedentes de diferentes regiones del país y del mundo con el propósito de dejar ante su altar todo tipo de dificultades

Han pasado ya varias décadas desde cuando doña María Quintero vio que la piel de su pie derecho se tornaba tensa y le empezaba a supurar un líquido y según el dictamen de sus vecinos era inminente la aparición de la temible gota, enfermedad producida por una acumulación de cristales de urato monosódico (sal derivada del ácido úrico) en distintas partes del cuerpo.
Cuando la preocupación se hacía presente, la mujer de origen campesino escuchó por la radio que los sacerdotes de Buga estaban anunciando la peregrinación con la imagen del Señor de Los Milagros que encabezaría las rogativas para pedir por las lluvias, pues en esos días el verano era intenso en el occidente del país.

Ese domingo doña María emprendió la caminata desde el occidente de Tuluá para encontrarse con la peregrinación en el Sena- Clem y de allí encaminarse hasta la iglesia de San Bartolomé. Relata esta dama, que hoy ya es una anciana venerable, que cuando arribó con su familia al atrio del templo su pie estaba seco, su piel intacta y el milagro de la sanidad se había cumplido.

Historias como estas se escuchan a lo largo y ancho del país e incluso en otras latitudes del mundo donde los católicos dan fe de los favores recibidos tras haberle hecho una promesa al Señor de los Milagros de Buga, una imagen cuyo origen se remonta casi cinco siglos atrás y cuya fe crece todos los días a tal punto que ya son varios los templos en Colombia donde se encuentra la réplica de la imagen y se le celebra su fiesta el 14 de cada mes.
Todos los relatos que existen sobre esta divinidad coinciden en que la imagen original fue hallada por una mujer de edad avanzada y de origen indio como una manera de compensarla, pues unos días atrás, había entregado los setenta reales que tenía ahorrados a un hombre que los necesitaba con urgencia pues de no cancelar la deuda que tenía iría a parar a la cárcel.
De acuerdo con una crónica escrita por Fray Francisco G. Rodríguez, la mujer se llevó para su choza la pequeña imagen, pero una noche escuchó unos ruidos en la caja donde la guardaba y comprobó que esta crecía.

EL Señor de Los Milagros es uno de los íconos de la fe en Colombia.

Como una persona piadosa que era, buscó al sacerdote y a otros respetables señores que comprobaron lo narrado.
Fue tanta la fe que se despertó que la gente empezó a llevársela en pedazos, hecho que motivó que unos visitadores especiales ordenaran quemar la imagen.
“Ante la presencia de las llamas el Cristo de Buga empezó a sudar y esas gotas fueron recogidas con algodón por los devotos. Al final el madero nunca se consumió y por el contrario ganó una presencia dife-rente.
Ante este hecho y tras el falle-cimiento de la indiecita, se ordenó el traslado a un templo, y la imagen se llevó a una ermita que años después fue destruida por un terremoto.
Fue hasta 1907 cuando se terminó de construir el templo que hoy ocupa y treinta años después el Papa Pio XII expidió un decreto por el cual decretaba que al templo del Señor de los Milagros de Buga se le concedía el título de Basílica.
El Señor de Los Milagros que ya completa 437 años de exis-tencia es sin duda el referente de la fe católica más importante del occidente colombiano y su reconocimiento trasciende las fronteras patrias. Una fe que se conserva intacta y que crece todos los días.

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