“…sin el perdón, no habrá paz ni seguridad en el territorio colombiano, si no se deja de lado la sed de venganza, es imposible la reconciliación…”.

El mundo católico celebra la memoria de la vida, pasión y muerte de Jesucristo a partir de mañana y en consecuencia estos días se convierten en una gran oportunidad específicamente para los colombianos, para intentar una profunda reflexión sobre los principales temas que tienen importancia vital para el presente y futuro del país, en especial cuando se tiene previsto una contienda electoral en medio de una polarización cada día más radical entre quienes se alinean al centro, derecha e izquierda de la política nacional.

Se ha hecho costumbre durante estos días santos, que los parientes se visiten mutuamente y compartan recuerdos, sentimientos, añoranzas, lo que se traduce en fortalecer los lazos familiares y viajen desde otros departamentos de un lugar a otro con el fin de visitar igualmente sitios turísticos y religiosos que son aprovechados para un descanso y esparcimiento que preferencialmente se traduzca en tranquilidad y seguridad para todos.

Uno de los temas principales que se presentan, para nuestro caso en particular, es el de la reconciliación y nada más apropiado que estos días, cuando la Iglesia católica y otras afines celebran con gran solemnidad la Semana Mayor, para meditar con seriedad, responsabilidad y eficacia, sobre la mejor manera que recibir a la cantidad de desmovilizados luego de aprobarse, contra viento y marea, el acuerdo de paz que tanto ha dado que pensar ahora que se inicia la complementación de lo aprobado en La Habana y se habla una y otra vez del postconflicto.

Y decimos que es propicio, porque precisamente en estos días, se insistirá sobre todo para los católicos, en la imperiosa necesidad del perdón, lo cual no es fácil, especialmente cuando se vive en una sociedad que ha perdido la Fe, en donde se distorsiona la verdad y en donde los medios de comunicación, especialmente las redes sociales, tienen embolatados a la inmensa mayoría, de donde se desprende en la urgente necesidad de, en primer lugar, aprender a percibir lo correcto e incorrecto de los mensajes que inundan las redes diariamente, lo verdadero de lo falso y en segundo lugar, a reflexionar profundamente en la reconciliación nacional, que como van las cosas, es cada vez más difícil, si nos atenemos a las consecuencias que traen los mensajes diarios de las redes sociales.

Vale la pensar seriamente, que sin el perdón, no habrá paz ni seguridad en el territorio colombiano, porque si no se deja de lado la sed de venganza, es imposible la reconciliación nacional, de donde se desprende la priorización de una educación para la paz, en las escuelas e instituciones educativas, inclusive que el gobierno aprenda a llegar hasta las propias familias, aún, si no han sido afectadas por el pasado conflicto, para inculcar con fortaleza la imperiosa necesidad de la convivencia pacífica y así poder continuar trabajando para el crecimiento y desarrollo armónico del país.

Ojalá que estos días, no se dediquen solamente al ocio, a la diversión y al descanso, sino también, a reflexionar sobre la importancia que para el país, tiene una paz estable y duradera, como tantas veces, lo han proclamado desde distintos escenarios, los dirigentes del alto gobierno.

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