“…No queremos ser pesimistas, pero vemos con profunda preocupación la situación política, social y económica del año que viene…”.

Es una buena costumbre hacer un balance de lo bueno, lo malo y lo feo que sucedió en el país durante el año que pasó, fundamentalmente en todo lo relacionado con el bien común que es, al fin y al cabo, lo que nos corresponde como medio de comunicación que pretende servir a la comunidad tulueña y de la región en donde hacemos presencia siguiendo los parámetros que nacieron desde su fundación, pilares muy bien cimentados por José W. Espejo.

Es incuestionable que acaba de transcurrir un año difícil, complejo e inquietante, por varias razones, de las cuales destacamos en primer lugar, la elección presidencial que, de una u otra manera polarizó al país en dos bandos casi irreconciliables, luego de una campaña cargada de mensajes altisonantes, mentirosos, falsos que opacaron la brillantez de los discursos y propuestas de los aspirantes y en consecuencia se presentaron muchísimas dificultades y al mismo tiempo representó un gasto muy costoso para el erario las consultas sobre la corrupción y el candidato liberal y del Partido Verde, que a pesar de las críticas, se realizaron varias sin pena ni gloria.

Ahora bien, es de todos conocido las enormes dificultades que ha tenido el gobierno central para que el Congreso aprobara las reformas fundamentales propuestas en su programa y después de intensos debates han pasado a cuenta gotas, como es el caso de la ley de financiamiento, que logrará recaudar solamente 8 billones de pesos, de los 14 que se tenía presupuestado lo cual traerá como consecuencia un recorte muy seguramente de la inversión social que afectará a la clase menos favorecida.

Paralelamente se ha aprobado una reforma política y de justicia a medias, que no ha tocado la profunda crisis estructural que padecen ambas ramas del poder público a través de la historia reciente, lo que tiene indignado a más de la mitad de los colombianos que no ven en el horizonte una luz de esperanza que permita lograr la equidad en relación con la justicia social tan anunciada en los discursos de campaña electoral y esta situación es aprovechada inmediatamente por los llamados profetas del desastre, que aseguran avizorar en un tiempo no lejano políticas populistas de izquierda y amenazas de advenimiento de nuevas formas de gobierno, como sucede ahora en el vecino país de Venezuela que en primer término, le ha proporcionado un gigantesco problema al país por los miles y miles de emigrantes que inundan actualmente las calles de las ciudades.

No queremos ser pesimistas, pero vemos con profunda preocupación la situación política, social y económica del año que viene, sabiendo como todos lo sabemos, que vivimos en un mundo globalizado, con influencia de los países más desarrollados y estamos al vaivén de sus actitudes cambiantes cada día, según la ley del mercado, que no necesariamente preocupa a los poderosos de la tierra, sino que mirando a su propio interés, poco les importa el crecimiento en equidad de los pueblos menos favorecidos.

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