“…Es bien difícil que se llegue a un acuerdo para establecer un salario mínimo por regiones, pues habría que cambiar la doctrina de la Corte Constitucional…”

a es costumbre que por esta época se abra el debate sobre el salario mínimo que debe regir el próximo año para la mayoría de los trabajadores, en donde se trata de concertar entre los sindicatos, el gobierno y el sector privado su monto definitivo, de tal manera que el crecimiento económico no se vea afectado y los asalariados puedan subsistir de una manera digna en medio del concierto nacional. No ha sido fácil llegar a un consenso y en la mayoría de los casos ha sido el propio gobierno quien decida sobre la suma a devengar en la próxima vigencia y además, como bien se sabe, nunca los trabajadores han quedado plenamente satisfechos con el alza establecida, alegando con justicia que no alcanza para satisfacer las necesidades básicas de una familia integrada por tres o cuatro personas.

Surge hoy una iniciativa de dos investigadores del Banco de la República que sugieren se estudie la posibilidad de establecer un salario mínimo por regiones teniendo en cuenta que se busca por un lado, disminuir al máximo los efectos que para la economía tiene el trabajo informal y de otro, que existe diferenciación de productividad en las ciudades del país y en consecuencia observan que es mejor un salario mínimo más alto para estas ciudades y uno menor para los trabajadores de ciudades menos productivas, con lo cual se trataría de mejorar el mercado laboral. Esta propuesta tiene mucho de ancho y de largo, si recordamos que ya en años anteriores existió la diferenciación del salario básico por regiones y se tuvo en cuenta la ocupación y cada uno de los sectores de la producción. Sin embargo en el año 1983 se acordó el monto único nacional para acabar con la gran diferencia que existía entre la ciudad y el campo, pero ahora parece ser que el “coco” del mercado laboral es el trabajo informal, que ha crecido de una manera desbordada como respuesta a las necesidades básicas insatisfechas de una inmensa mayoría de la población que cada día acude sin contemplación al “rebusque” como una forma de ganarse la vida, tal como lo demuestra el diario acontecer.

Es bien difícil que se llegue a un acuerdo para establecer un salario mínimo por regiones, pues habría que cambiar la doctrina de la Corte Constitucional y, aunque parecería de lógica la propuesta, actualmente se entraría en un debate de nunca acabar, y bastaría con preguntarse si el país está debidamente preparado para aceptar un modelo que ha funcionado en otros naciones, que tienen una mentalidad más abierta, más dispuesta a los cambios de la modernidad y a aceptar novedosos criterios en esta materia. Ahora bien, el gobierno tiene problemas muy complicados por resolver, tal como lo vemos con la reforma política, la consolidación de los acuerdos firmados en La Habana, la sustitución de los cultivos ilícitos y especialmente su intención de acabar definitivamente con la corrupción que carcome los tuétanos del Estado, todo en medio de una campaña electoral que aún no tiene un norte definido y tiene en suspenso a la mayoría de los colombianos.

Esperamos que impere la sensatez entre los sindicatos, gobierno y sector privado, para establecer un salario mínimo que satisfaga realmente los anhelos de los trabajadores y sirva como catapulta para disminuir al máximo el sector informal que en nada contribuye al fortalecimiento de la economía nacional que se encuentra en un mal momento, tal como lo demuestra el gobierno a través de su ministro de hacienda, que pide a gritos otra rápida disminución en las tasas de interés. Nada más necesario para la paz, que un salario justo para todos los trabajadores en el país.

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