“…No es común al cine colombiano este tipo de propuestas donde el paisaje, es el principal protagonista…”.

William Vega nos sorprende nuevamente con “Sal”, una película que como su “Ópera prima”, “La Sirga”, podemos catalogar como poesía visual. No es común al cine colombiano este tipo de propuestas donde el paisaje, el entorno donde se desarrolla la historia, es el principal protagonista. En “La Sirga”, la laguna de la Cocha sirvió de escenario a una historia de desarraigo, de soledad, donde los silencios eran más elocuentes que los medidos y circunstanciales diálogos que en hora y media de proyección tienen los protagonistas. Es una historia del agua, de los caminos trágicos por los que transitan los habitantes de un paraíso perdido.

Ahora en “Sal” nos repite la dosis de exclusión y marginalidad de unos seres errantes que hacen del desierto su transitoria exploración de un espacio propio, interrumpido intempestivamente por un joven citadino en búsqueda del padre. Y es el alucinante pero agorero desierto de “La Tatacoa” el espacio agobiante donde se participa del único bien que puede compartirse entre los tonos ocres de una tierra inclemente, la sal.

De nuevo es lo que no se dice, la parte que más impacta al espectador, que las veces en que los protagonistas hablan. Circunstancia que aprovecha Vega para narrar en cantones pasajes de la película, en que el recuerdo del elemento marino nos recrea esa saga nativa de nuestra Sierra Nevada que nos dice que “primero estaba el mar”, y que le sirvió a Tomás González para titular su primera novela.

Aprovecho para agradecer a Diana Pérez, actriz protagonista de la película, no sólo su acertada y convincente interpretación, sino por su actividad, junto a su hermana Beatriz, para que Cine Colombia accediera a presentar la película para el público tulueño que gozó el domingo 15 de abril de un inolvidable matinal. Y si por casualidad se repite la función, por favor, no se la pierdan.

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