Ya no hay debate de ideas, argumentos serios sobre los temas transcendentales, posiciones certeras sobre la problemática del país y al mismo tiempo del mundo que los rodea.

La campaña electoral que adelantan los precandidatos a la presidencia de la república parece más una riña de gallos que un responsable debate público con argumentos serios sobre la mejor forma de regir los destinos de un país que actualmente pasa por los más altos índices de corrupción del mundo, y mientras desde los rincones más recónditos los colombianos escuchan y ven con indignidad y hasta miedo los chismes que van y vienen de uno y otro, sin importar absolutamente para nada el mínimo respeto para una audiencia que quiere ser dirigida por los estadistas mejor preparados ya que está en juego el futuro de las nuevas generaciones.

Es triste observar estupefactos la manipulación de la información de los medios de comunicación que solo les importa medir el “rating” y lanzan en cualquier momento al aire una palabra, una frase, un comentario, una opinión de los precandidatos fuera de contexto, y arman un revuelo inimaginable, tendencioso, buscapleitos hasta caer en el engaño y la mentira y por supuesto hacen comentarios y sacan conclusiones que no conducen a clarificar el tema inicial, sino más bien lo que se hace es confundir mucho más a la opinión pública.

Ya no hay debate de ideas, argumentos serios sobre los temas transcendentales, posiciones certeras sobre la problemática del país y al mismo tiempo del mundo que los rodea. No hay pensamientos políticos sino insultos y gritos pendencieros que retan al contrincante casi a salir a la calle a darse golpes, es lo único que nos faltaba por la insolvencia de una pedagogía que conduzca a la población a apreciar, criticar y sacar las mejores conclusiones para escoger a quien debe ser un hombre con capacidad de orientar y dirigir a la gente con un sentimiento profundo de servicio para los demás y no para sí mismo. Todos los precandidatos han reducido su discurso a estar de acuerdo o no con el proceso de paz y su implementación, pero hasta parece que también está mal informados o realmente no quieren aceptar un hecho indiscutible, como es que los colombianos no quieren volver a la guerra que ha dejado sembrado de sangre los surcos del campo y desean por fin trabajar lejos del temor y el miedo del terrorismo que se había ampliado a lo ancho y largo del territorio patrio.

Ahora bien, es correcto y acertado que todos a una estén de acuerdo en que es una obligación urgente extirpar el cáncer de la corrupción, pero es igualmente necesario que bajen la guardia y abandonen esa manía politiquera de sacar los cueros al sol cuando se presenta la oportunidad y como se dice en el argot popular “dan papaya” ya que de todas maneras, en cuanto a los pecados de cualquier precandidato, como dice el texto bíblico, “quien esté libre de culpa que tire la primera piedra” y no es que se quiera justificar la mala conducta, sino que en este contexto, se llegará un pozo sin fondo porque cada día aparecerán sorpresas de todos aquellos que se convierten en personas públicas, y el pueblo no perdona.

Y es común y corriente escuchar en los corrillos callejeros que si la justicia es corrupta, ¿qué se puede esperar de cualquier funcionario en el manejo de los recursos públicos que supuestamente son sagrados? Por lo tanto es un imperativo categórico que los aspirantes al primer cargo de la Nación replanteen sus posiciones pelioneras y buscapleitos y avancen en argumentos serios y responsables sobre los temas trascendentales que preocupan al país y que los medios de comunicación no manipulen la conciencia de los colombianos.

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