…huyen del terror y de la angustia, en procura de encontrar en Colombia, una mano generosa…”.

Hace algunos días cuando en Venezuela se produjo la liberación de Leopoldo López (caso L.L.), tema tratado en una edición anterior de este diario, se auguraba un nuevo amanecer para el país vecino. Infortunadamente en días recientes, L.L. fue recluido de nuevo en la prisión donde ha permanecido privado de su libertad durante varios años. De igual modo, Antonio Ledezma, exalcalde metropolitano de Caracas, en una noche reciente, también fue recapturado por las fuerzas del régimen. Estos eventos, desde luego marcan un punto incierto en el devenir del pueblo venezolano, que día tras día sale a las calles para hacer pública su protesta. A estas voces de rebelión se une la de la Fiscal Luisa Ortega, quien de manera valerosa y poniendo en riesgo su integridad y libertad desconoce de forma abierta la reciente elección que oficializó la Asamblea Constituyente, mecanismo que extenderá aún más el régimen de Maduro. Vale señalar que varios países han manifestado de forma abierta y categórica el desconocimiento de dicha asamblea. A esto se agrega las medidas de presión que ha implementado Estados Unidos, como la congelación de las cuentas bancarias que Maduro y algunos de sus colaboradores poseen en el país del Tío Sam. Se debe anotar de igual modo que varios territorios europeos también estudian medidas de presión en contra del sistema imperante en la nación hermana. A este escenario, se debe agregar la decisión que han tomado varias aerolíneas de reconocido prestigio, como American Airlines y Avianca, en cuanto a suspender sus vuelos hacia y desde Venezuela. Sorprende de igual manera la información de la empresa que auditó los prenombrados comicios, relativa al presunto fraude que se presentó en los mismos.
En este escenario desolador preocupa la seguridad del ciudadano común. En efecto, las protestas contra el régimen dejan varias vidas perdidas; a esto se suma el desfile diario de cientos de personas que cruzan la frontera a píe, huyendo del terror y de la angustia, en procura de encontrar en Colombia, una mano generosa que brinde un poco de sosiego a su atribulada existencia. Ante este drama desgarrador, como se dijo en una columna anterior sobre el caso L.L., organismos internacionales como la OEA y la ONU, de manera urgente, deben aunar esfuerzos para procurar garantizar una vida más digna a los hermanos de Venezuela.

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