Para los tulueños de siempre, darse un “sarmientazo” es similar a lo que para los caleños es caminar por la avenida sexta o para los bogotanos recorrer la séptima desde la avenida 19 hasta la Plaza de Bolívar. Es decir, un paseo placentero y diverso en cuanto a emociones y sensaciones.

La historia urbana de hoy invita a todos, tulueños o no, a darse una vuelta por la calle Sarmiento pero no la actual sino la de los años 70 y 80, recordando aquellos establecimientos ya idos pero que para muchos aún persisten.
Este paseo se inicia en la esquina de la carrera 28 luego de tomarse una cerveza fría en la Fuente de Soda Bolívar, de Rubiano Sabogal, entrando luego a la Boutique Sinfonía donde Álvaro Tascón, quien vendía caro pero de calidad.
Ya en la siguiente esquina, sobre la carrera 27, era imperdonable un cono de Cremalandia y, para continuar, entrar a la droguería La Botica por si algún cólico inesperado.

Siguiendo con dirección a la carrera 26, para la foto del momento, se podía elegir entre Foto London o foto González donde Germán o Humberto le prestaban el saco y la corbata.
Una empanada con Cocacola de Bolipán y diez minutos entre chiste y chisme con Hernán García proporcionaban bríos para seguir hasta La Cigüeña por si había que comprar el biberón, la piyama o el chupo para el niño, para terminar en el Banco de Colombia, en la esquina nororiental de la 26.

Nuevos recuerdos

Los intelectuales no podían desaprovechar la oportunidad de revisar los últimos títulos literarios en la librería Vanidades, en la esquina frontal del Banco de Colombia, asesorado por Euclides Jiménez.
El siguiente paso era La Viña, de Emiro Tenorio, situada diagonal a la librería, para proveerse de una rica avena con pastel brazo e´reina y continuar el paseo.

Ante el estómago lleno, la entrada a La Abundancia era para comprar las tostadas del desayuno, y enseguida a El Botón para comprar hilos, agujas y botones para aprovisionar el perchero hogareño.
Impensable seguir sin visitar a los ibéricos José y Benigno Devesa, en la lonchería Los Españoles, para degustar una hamburguesa con milo.

Al cruzar la calle, estaba el Banco Comercial Antioqueño para alguna gestión bancaria pero también se encontraban la joyería La Garantía y el almacén Alberto VO5, cuyas camisas y pantalones era los Polo de la época.
Volviendo a la acera anterior, si alguna cuestión bancaria faltaba estaba el Banco del Comercio y enseguida se podía encontrar de frente con doña Lida de Camacho para negociar los textos escolares en la librería Claridad. Y por si alguna prenda faltara, Jairo Gómez estaba a punto en la puerta del almacén Bacardí para ajustarle un pantalón bota campana.
Al llegar a la carrera 25, estaba la librería Nuevo Mundo para completar los textos escolares y, al frente el almacén Valher de donde se pasaba al almacén Ley, un negocio que vio crecer a muchos tulueños.

Un paseo que termina

Frente al Ley se hallaba el hotel Embajador, la maravilla de la época; en sus bajos la droguería Alianza y siguiendo adelante por esa acera los almacenes Dos, Tía y Valle, negocios donde se podía comprar con pocos recursos.
Los aires musicales a todo volumen anunciaban que se estaba llegando al Almacén Musical de los hermanos Chamorro, quienes se enorgullecían de tener siempre los éxitos más recientes de los artistas de los años 60 y 70.
También allí estaba el almacén El Roble, cuyo aviso con un muñequito colgado de los pantalones sigue siendo inolvidable, Dos RR de Romel y Romelia para caer en la ferretería de Lucio Sandoval donde se podía proveer de las principales herramientas para la casa.

Una cuadra más para entrar a la fuente de soda Brasilia, en la esquina de la carrera 24, un local deprimido tipo semisótano donde los muchachos de la época se deleitaban mirando hacia arriba las minifaldas que se paseaban por el andén. Allí mismo estaba la Antena Musical de los hermanos Cardona de la Pava y la Casa del Radio donde se conseguían repuestos para los tocadiscos.

Al pasar a la acera siguiente, se hallaban los almacenes Gandur y Henny Hermanos donde se podía surtir de pantalones y camisas a la moda.
Sobre la acera del frente, se llegaba al almacén Zapato Cubano donde los clientes iban para surtirse de los zapatos de plataforma que eran furor.

Entrando a la cuadra siguiente, después de la carrera 23, estaba la droguería La Paz, allí se vendían medicamentos a bajos precios y luego, se podía hallar el almacén El Serrucho de Patricio Rojas, el almacén 5 y 10 Menos, el almacén El Loco y el almacén El Martillo donde había uno de estos elementos que giraba en la puerta de entrada y, por último, el almacén La Despensa de Rafael Gardea-zábal para la compra del mercado de la semana.
Termina el paseo por la calle Sarmiento, un recorrido lleno de emociones y recuerdos que nunca se borrarán.

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