Karen Abudinen, directora del ICBF lamentó el número de menores lesionados por utilización de pólvora en todo el país, y especialmente en Valle del Cauca, que tiene el mayor registro con 16 casos.

Advirtió que ya se adelantan varias investigaciones con los padres de familia que por negligencia o complicidad, permitieron que sus hijos resultaran afectados. Es por eso que hace un llamado urgente 20 alcaldes de Valle del Cauca que no han emitido el decreto para prohibir la venta de estos elementos para que lo hagan de manera inmediata.

Según la funcionaria, el número total de niños y adolescentes en todo el país tiene un aumento considerable con 97 episodios, lo que genera una seria preocupación entre las entidades de salud de los 32 departamentos del país, en donde pese a las campañas, este número tiende a seguir creciendo.

“Omitir medidas de restricción a la venta en los municipios es atentar en contra de la vida de los niños. Nos preocupa esto en el Valle del Cauca. Estamos exponiendo sus vidas, en contra de su integridad. La pólvora no es un juego”, advirtió la funcionaria.

No obstante realizó un llamado a los padres de familia para que también participen en la vigilancia y cuidado de los menores. Según sus registros, ya hay nueve casos de restitución de derechos en el territorio nacional, varias de ellas en el departamento.

Al Valle del Cauca, le sigue en el segundo lugar el departamento de Cauca, con un total de nueve menores afectados.

El desplome del puente que unirá a Bogotá con Villavicencio es un ejemplo más de la inveterada costumbre de construir demasiado aprisa cuando está por terminar un mandato de gobierno y hasta nos atrevemos a afirmar que la visita que hizo el presidente de la república a la obra fue un “empujoncito” para que se terminara pronto y sobre todo meses antes de concluir su período constitucional. Así ha sido siempre, nuestros gobernantes se dedican a inaugurar obras, a veces inconclusas, en los últimas semanas de su mandato. Lo que podemos aprovechar de este incidente que deja varias víctimas, es mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta si las obras que hacen los alcaldes se ejecutan con las debidas características técnicas que garanticen de verdad su durabilidad y seguridad para todos los que se beneficiarán de las mismas, porque abundan ejemplos de lo contrario en esta materia. Y es preocupante, que en la mayoría de los casos no se encuentran los responsables directos de tales falencias y con el tiempo hasta los mismos afectados se olvidan de lo sucedido, corroborando que los colombianos tenemos mala memoria, especialmente en política.

Sin ir muy lejos, es conocido por toda la comunidad que cada año, un mandatario local, cualquiera que sea, casi por lo regular se ve obligado a reparchar las calles de su ciudad o a pavimentar de nuevo algunas, y se encuentran con la mala calidad de los insumos o que no se adelantaron con la cantidad de materiales necesarios, entre otras razones y principalmente porque ahora todo se quiere hacer a la carrera, rápido, a la fuerza, sin planeación sin importar la calidad de la obra y se tiene solo el afán de cumplir los términos del contrato en el tiempo requerido. Y por lo tanto se ven, no solo puentes, sino vías que se agrietan o inundan, edificios que se afectan, residencias que aglutinan beneficiarios en condición de vulnerabilidad que se deterioran rápidamente y así sucesivamente suceden hechos calamitosos a lo largo y ancho del territorio nacional. Bien vale la pena, repensar sobre este tema que es muy espinoso, ya que en infraestructura se invierten millones y millones de pesos del erario en donde todos “ponen” su granito en “pesos” y conviene entonces que se eviten los graves errores que también concluyen en lágrimas de dolor entre las víctimas por la ausencia de una vigilancia extrema en la construcción de las obras, especialmente en el sector oficial, aunque también hay casos iguales en el sector privado.

Tal parece, dicen algunos expertos, que se ha olvidado la ética en la construcción, como también se ha descuidado el profesionalismo de sus actores principales y en consecuencia los desastres inesperados son el resultado directo de sus improvisaciones y ligerezas cometidas en el transcurso de la obra que debería realizarse con el máximo cuidado ya que se trata de ofrecer un servicio a la comunidad en general que precisa de la seguridad y confianza en lo que se realiza para su beneficio colectivo. Un accidente fatal como el ocurrido esta semana, nos invita a exigir la máxima calidad y profesionalismo en las obras que se adelantan en cada municipio, así sea un simple andén, alcantarillado y cualquier otra obra de beneficio comunitario. Ya es hora de aprender a trabajar con ética y olvidar rotundamente que “hay que sacar tajada” de todo lo que sea de carácter oficial, porque como lo afirmó un aspirante presidencial en años pasados, los recursos públicos son “sagrados”. Y enfatizar que es necesario y urgente trabajar muy bien por el bien común, así sea en las pequeñas cosas municipales.

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