“…el Papa denominó como “algo feo “ la moda de tomar fotografías con los móviles porque se distraen del significado esencial del sacramento…”

Esta semana llamó la atención que el Papa Francisco al hablarles a sus fieles durante la celebración Eucarística los invitó a no usar los celulares durante el acto litúrgico teniendo en cuenta que esta ceremonia no es un espectáculo y denominó como “algo feo “ la moda de tomar fotografías con los móviles porque se distraen del significado esencial del sacramento como lo es la presencia de Cristo que se transforma en el alimento principal para los creyentes católicos. Y este pronunciamiento coincide con una profunda preocupación que ha surgido en el mundo moderno de la tecnología y el internet cuando la dependencia del teléfono móvil se ha convertido en una nueva enfermedad del siglo 21, denominada monofobia, que consiste en el miedo irracional de salir de la casa sin el celular que produce en las personas una sensación infundada de incomunicación y soledad cuando se les olvida en algún lugar o ven que se agota la batería.

Esta dependencia se nota en un bus por ejemplo, si se mira con cuidado, todos los pasajeros están inmersos en su smartphone, no conversan con el otro, ni aprecian la satisfacción del viaje y lo mismo está sucediendo en las reuniones familiares, en fiestas y encuentros de amigos y vecinos e inclusive con los hijos en los hogares. Un medio que debe servir de instrumento para comunicarse y facilitar múltiples actos de la vida diaria, se convierte en una adicción que cuando falta produce ansiedad, dolor de estómago y náuseas. Hemos escuchado a cientos de personas afirmar que no pueden “vivir si su celular” y lo transportan en la casa, en la calle, en el trabajo, duermen con él debajo de la almohada, lo llevan al baño y en caso de olvido o perdida, se sienten a la deriva, perdidos en el tiempo, sin compañía.

Esta adicción se ha estudiado y relacionado a una “sensación de compañía”, es decir, la necesidad de estar conectados para no sentirse solos y aún estando en medio de la multitud, lo que significa que se ha perdido la capacidad de comunicación, de dialogar, de conversar de cabeza a cabeza y se prefiere chatear con todo el mundo para no sentir esa sensación de soledad. Y se ha comprobado que entre más se use este aparato fascinante, se corre el mayor riesgo de producir la enfermedad, aunque aún no se haya catalogado como tal por las instituciones de salud, pero sí existe una clara advertencia de los expertos sobre los males que se pueden desprender del uso excesivo y en consecuencia se requiere hacer un alto en el camino para reflexionar seriamente acerca de la utilidad de este instrumento de comunicación, ya que cada día aparecen en el mercado más y más ofertas que garantizan supuestamente mejor calidad, mayor duración de las baterías, fotografías de máxima calidad, entre otros aspectos que hacen más atractiva su adquisición.

Y no queremos satanizar el medio de comunicación, sino que es urgente hacer todo lo posible por prevenir este nuevo mal del siglo XXI y le corresponde a las autoridades competentes, especialmente a los educadores, estar alerta con el objetivo de trazar límites y formar a los estudiantes para un buen uso del mismo de tal manera que no se convierta en un problema, sino que cumpla con los fines para el cual fue inventado. Insistimos, si echamos un vistazo a nuestro alrededor, observamos con profunda preocupación que son muchísimas las personas que han caído en la monofobia.

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